jueves, 27 de diciembre de 2012

Tu regere imperio populos, Romane, memento


Tiberio estaba de pie, con los pies casi hundidos en el barro. La fría llovizna llenaba su armadura y su piel de finas gotas que en ocasiones se unían precipitándose al suelo. El pelo se le iba empapando poco a poco, hacía tiempo que había perdido su caso.
Se dió la vuelta para ver a sus legionarios. Los restos de una cohorte; apenas cuatro centurias. Trescientos hombres que luchaban como uno solo. Un estandarte bajo en el que se agrupaban todos. Apoyados en sus grandes escudos rectangulares miraban a Tiberio a la espera de sus órdenes, cansados pero preparados.
Delante de ellos se extendía el campo de hierba que en otro momento fue verde, pero que la insistente lluvia había convertido en marrón. Y más allá estaban los bárbaros, hombres enormes pálidos, vistiendo cuero curtido y pieles animales, con pintura por todo el cuerpo, como si no les afectara el frío. Iban gritando algo en su lengua y cantaban.  
Tiberio miró a los ojos a los cuatro centuriones. Sólo un gesto con la cabeza bastó para que todos supieran que tenían que ponerse en marcha. Se alinearon a la perfección, escudo con escudo. Un muro de escudos que se movía.
No había miedo, ni siquiera un atisbo saludable de él. Roma podía estar perdida, podía estar lejos y que nunca volvieran a verla, pero les daba igual. Seguían luchando sin descanso, sin mirar atrás.
Sin Roma, ya no tenían nada que perder, nada que temer.

*Debes gobernar sobre el imperio de los hombres, romano, recuérdalo. (Eneida, Virgilio)

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Midnight Runner

Calles vacías, la sangre zumbando en mis oídos, catorce grados a la una y media de la madrugada, mis piernas ardiendo, el reflejo de unos faros fugaces, un gato, un grupo de rusos saliendo de un bar sospechoso, el estruendo lejano de un camión de la basura, esprinto hasta que me quedo sin aire, el sudor me moja el pelo, los edificios con sus ventanas oscuras se suceden rápidamente a mi alrededor, al final una ducha caliente que me parece fría.

Midnight Runner.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Me voy a casar con ella


Siempre está ahí cuando caigo rendido al final del día. Cálida y suave me sostiene en mis peores momentos. Levantarse con ella por la mañanas es una de las mejores sensaciones que experimento. Cuando necesito un respiro está a mi lado, sin hacer preguntas, sin discusiones.
No es la primera, pero si es con la que estoy más a gusto. Como hecha para mí, encajamos a la perfección. La abrazo, la visto y la desvisto. Con ella estoy tranquilo, relajado.
Las mañanas de los domingos las paso con ella,  negándome a empezar el día, fundidos en uno solo. Con ella, puedo soñar y que se convierta en realidad.
La quiero y voy a casarme con mi cama.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Sólo quería

poner algo bonito, pero casi no tengo tiempo. O tengo demasiado.



viernes, 23 de noviembre de 2012

Take it like a man

Hoy, más que nunca.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sueño cuántico


La fina línea que separaba la realidad del sueño, si es que alguna vez existió, se desvaneció a medida que pasaron los días. El tiempo que pasaba despierto tendía cada vez más a desrealizarse y curvarse. Su vida era un relativo que no estaba anclado a un momento determinado. El sueño era lejano y difícil de recordar, pero más vívido, más auténtico. Las medidas de tiempo eran inútiles allí, pues había segundos que duraban siglos, y días que duraban minutos. No había nada fijo, estable, inamovible, su imperfecta percepción no tenía dónde agarrarse, pero eso sólo importó al principio. A medida que el tiempo se comprimía y expandía su mente se liberó de todos los cabos que le mantenían unido a su antiguo mundo y momento. El espacio-tiempo se curvaba atraído por fuerzas invisibles fusionando lo que era real y lo que lo parecía.
Ya nada era real. Ya nada era un sueño.

viernes, 19 de octubre de 2012

Superhéroe

Quiero ser un superhéroe. Más concretamente el tuyo. No me van la mallas, pero tampoco las necesito. Ni a los mayas tampoco, pobres malentendidos. No llevo capa, no soy de Salamanca. Ni siquiera me gustan los colores chillones, pero como tengo padres tampoco puedo ser Batman.
No tengo superfuerza ni superresistencia, pero nunca me caigo(o casi). Y cuando lo hago es porque yo quiero. Puede que sea inmune a las balas, nunca lo he probado. No poseo visión de rayos X, pero debe ser aburridísimo ver todo el día los huesos a la gente, y sus condensaciones pulmonares y no poder quitarte esa voz en tu cabeza que te dice que tienes que decirle a ese señor que tiene una masa en el pulmón.
En mi haber no hay un vehículo sacado del futuro sino que aparezco en un flamante Focus al que le cuesta meter la primera y la segunda, aunque sueño con un BMW azul como le digo a uno de mis fans. A mi fan, el que me hace pensar que sí puedo ser un superhéroe en bata blanca.
Batman tiene todos sus juguetitos de alta tecnología, yo tengo un ordenador al que le puse nombre y de vez en cuando abrazo para que no se ponga triste. Tampoco tengo un Robin, pero a veces hay gente que hace lo mismo que yo un día más tarde. No soy tan ingenioso como Spiderman, aunque se llevarme mejor con la gente que él. Me falta el "Super-" de Superman, pero tengo un sistema inmune que se superinflama en cuanto tiene la oportunidad.
No soy un dios nórdico, pero no tengo miedo a casi nada, aunque he descubierto que las medusas me dan bastante (las de mar, las de la mitología no tanto, principalmente por su falta de existencia, pero si obviamos eso, no querría encontrármelas al levantarme por la mañana que además de convertido en piedra tendría un aspecto horrible). Tampoco he estado en un accidente nuclear, pero si lo hubiera estado probablemente no estaría aquí y vivo. Mi ADN es bastante normal, sin mutaciones que me permitan controlar el clima, ni que fuera el hombre del tiempo. No obstante, puedo doblar el pulgar para atrás casi noventa grados, un poder mejor que el de algunos X-Men.
No tengo un pasado tormentoso, no soy un veterano de guerra, no busco la paz en el universo.
Pese a todo, cuando escucho esta canción, se que puedo ser un superhéroe.

martes, 16 de octubre de 2012

La caja


-¿Por qué la lleváis en un caja?
-Porque si no fuera ahí dentro, el piloto no podría llevar el avión, le deslumbraría.
El joven miró de nuevo esa gran caja de madera donde ponía en grandes letras rojas “Frágil” que estaba asegurada al suelo y las paredes del enorme avión jumbo en donde viajaban. Por una pequeña rendija surgía un rayo de luz que dibujaba una línea perfecta en el suelo. Intentó acercarse para mirar, por simple curiosidad, pero el general lo detuvo cogiéndole del brazo.
-Chico, necesito a mis hombres preparados para lo que sea. La última vez que dejé que uno de los soldados la viera desertó en el acto y abrió una floristería. No pienso perder a más hombres así.
Poco después, el avión tomaba tierra en Tel Aviv.
-Es la hora- le dijo en general a sus hombres -Vuestro único objetivo es que ella llegue sana y salva. Cuando la caja se abra, ya habrá acabado todo.
Colocaron la caja en un camión y subieron todos los soldados, que se movían en sus asientos nerviosos e inquietos ante el desconocimiento de lo que podía ocurrir.
El viaje transcurrió sin incidentes hasta que, al fin, llegaron a la franja de Gaza. Todos bajaron del camión y el general ordenó abrir la caja. Dos de los chicos sacaron las palancas que habían traído expresamente para la tarea y se dispusieron a abrir la caja por delante.
La tapa de madera cayó al suelo y esos muchachos vieron amanecer por segunda vez en ese día. El sol quedó relegado a un segundo plano en el momento en el que ella salió de la caja. El general que ya tenía algo de experiencia con ella mantuvo como pudo la compostura. Ordenó a sus hombres quitar la capota del camión y que se subieran con ella y quedara bien visible. Tardaron en reaccionar, pero lo acabaron haciendo.
El camión se dirigió hacia el punto de control israelí, donde un soldado y un palestino discutían acaloradamente. Al ver la luz se callaron quedándose como ciervos sorprendidos por los faros de un coche. Cuando el camión pasó a su lado, ella sonrió y los dos hombres empezaron a llorar. Mientras el general, sus chicos y ella se alejaban internándose en la franja, los dos hombres se abrazaron conscientes de que su diferencias no tenían la más mínimas importancia.
Ese camión recorrió todo oriente próximo, siempre con el mismo resultado: una sonrisa que terminaba luchas, conflictos y venganzas. Tras de sí sólo quedaba amor, alegría y perdón. Después de verla a ella, la guerra ya no tenía sentido.

lunes, 15 de octubre de 2012

Felicidades

¡Feliz cumpleaños, Nietzsche!
Hace 168 años nació Friedrich Wilhelm Nietzsche, uno de esos tipos extraños y entrañables que tiene la historia.
Pero ¿Qué hubiera pasado si Nietzsche hubiera nacido en nuestra época, digamos, 144 años después?
Seguramente no lo reconoceríamos como ese señor tan serio con bigote que sale siempre en los libros de filosofía. Podría ser que incluso no fuera hombre. Estoy bastante seguro de que no llevaría ese bigote.
En cualquier caso estoy seguro de que sería brillante. De una luz que hace que el sol parezca una estrella lejana.
Nietzsche debía ser una de esas personas que no te deja indiferente. No me imagino a nadie de aquella época diciendo: "Pues he conocido al tal Nietzsche y ni fu y ni fa, un filósofo más." Porque el tío llegaba y te decía: "Dios ha muerto" y no te vas a quedar ahí parado como si acabara de juzgar severamente el cambio climático de estación que el otoño ya no parece otoño, y que no había visto llover así en mi vida. Si viviera hoy, estoy seguro de que también dejaría su impronta en la gente que le conociera.
Mirando en wikipedia he descubierto que no sólo Nietzsche nació un 15 de Octubre, el Gran Wyoming también. Es un día guay para nacer.

viernes, 5 de octubre de 2012

Ven


-Ven
Oí esa voz y me desperté. Me senté en la cama y me pasé la mano por la cabeza, que me latía tan fuerte que movía el aire a su alrededor.
Abrí la puerta y una pequeña cantidad de arena entró en la habitación, impulsada por el viento y el sol. La playa estaba desierta, como de costumbre. Caminé sin tener muy claro a dónde estaba yendo y eché la mirada atrás; los inmensos edificios de decenas de plantas me miraban muertos y vacíos como grandes esqueletos.
No tenía hambre recién levantado, algo raro en mí, pero que últimamente era cada vez más común. Hundí la mano en la arena hasta que encontré el bote de mermelada. Mermelada de higos robados. Extremadamente dulce, una sola cucharada me sirvió como obligatorio desayuno, más dictado por el cerebro que por el estómago. Volví a enterrar la mermelada.
Entré en el mar sin prisa, dejando que las olas le fueran dando un adelanto a mi piel de lo que le esperaba cuando se sumergiera. Cuando ya no pude caminar más y las rocas comenzaron a arañarme delicadamente los pies, nadé. Nadé hasta llegar a una roca picuda y solitaria en la que había una gaviota que la ocupaba como si fuera la reina del lugar. Tal vez lo fuera. Me miró como si lo fuera. No me quise acercar mucho, es mejor no provocar a los poderosos.
Miré al fondo y sólo vi oscuridad parcheada. Me quedé flotando un rato boca arriba, viendo el cielo intensamente azul, pero me cansé rápido al no haber nubes con las que poder fantasear.
De vuelta a la playa vi como unos mapaches salían corriendo de mi habitación. Me parecían simpáticos, pero no soportaba su manía de recogerme la habitación mientras no estaba. Luego nunca encontraba nada.
Me dispuse a mi tarea diaria; me senté delante de la piedra Roseta y la miré durante horas, pero seguía sin ser capaz de entender ninguno de los tres idiomas en los que estaba escrita. Frustrado una vez más, cogí el gran tomo que estaba a su lado: un manual descriptivo y muy minucioso de máquinas de ferrocarril a vapor de hacía más de cien años y de las que ya no existían ninguna. No mejoró mi frustración, pero al menos era más ameno.
Cerca de mi apareció una masa negra que se movía atraída por el metal, proyectando pseudópodos que brillaban con pequeños reflejos metálicos. Estuve un rato entretenido con la manera en la que fagocitaba un trozo de algo que alguna vez sirvió de algo en alguna máquina o estructura. Cuando me cansé tiré de uno de los pseudópodos para ver qué pasaba: se estiró como chicle. Sin embargo, cuando tiré más rápido se partió como plastilina. Ese pequeño instante me devolvió de forma súbita a mis cinco años, jugar con coches amarillos y piezas de madera calientes. Inmediatamente volví a la realidad al ver a la masa negra enterrarse en la arena.
El sol se estaba poniendo. Hacía tiempo me había preguntado que cómo era posible que saliera y se pusiera por el mismo punto cardinal, pero no se exactamente cuando, dejé de pensar en ello.
Me metí en la cama. Su voz volvería a sonar en mi cabeza justo antes de despertarme, y eso era lo único que me hacía dormir.

martes, 2 de octubre de 2012

El mar de oscuridad y la tierra de luces.


Estaba sentado encima del coche, en el techo. Delante de mi se extendía la oscuridad como un mar de intenso negro y un poco más lejos, las miles de luces de la ciudad, como una costa lejana e inalcanzable. Sonaba esta canción, mientras una brisa suave lo movía todo lentamente. Hacía la temperatura perfecta.






viernes, 28 de septiembre de 2012

Ya tengo algo más que el bachillerato

Algunos hubieran dicho que era imposible, que era un locura. Otros me hubieran mirado con cara de pena, pensando que mi meta era inalcanzable. Hay gente que simplemente no lo hubiera intentado.
Pero sacar 15 asignaturas y 93'8 créditos (135'4 con rotatorio) en un sólo curso sí se puede.
Cuesta, pero se puede.



Si, la canción de este tipo de situaciones. Un tópico, un clásico manido. Pero lo bien que sienta cuando llegas hasta el final, la cantas a pleno pulmón y te das cuenta de que lo has conseguido.
A mi licenciatura le debía una entrada, aunque sea tan cutre como esta, ya que al final no le he ido gritando a la gente por la calle que soy licenciado, pues se lo grito a Internet, pero tengo la desagradable sensación de que es como gritarle a un pozo vacío.

viernes, 14 de septiembre de 2012

El comandante


-El barco se hunde, comandante.
-Lo sé.
-¿No piensa hacer nada al respecto?
-Yo fleté este barco. Yo contraté a la tripulación. Bajo mis órdenes llegamos hasta aquí. Con mi liderazgo combatimos. Ahora todo está perdido. SI hubiera podido hacer algo más, lo habría hecho. ¿Qué me queda? Hice todo lo que pude por un sueño, por algo que era probablemente imposible. Pero quedándome en tierra hubiera sido imposible. Sabía dónde me metía, sabía que no sería fácil, sabía que habría dolor y habría sacrificio. Ahora ya puedo decirlo: era imposible. Otros dirán que eso podía saberse sin llegar a hundir el barco; yo les diría que entonces no habrían hecho todo lo humanamente posible. Coged los botes y huid, yo me hundiré con él. He pensado muchas veces con este momento, de algún modo agridulce. No lo he conseguido, pero nunca me arrepentiré de haberlo intentado. Veo su mirada de escepticismo. Casi puedo notar en usted esa superioridad salida de Dios sabrá donde hacia esta clase de proyectos que, para los cortos de miras, no tienen sentido. Nunca ha sentido usted la llamada de algo mayor, de una envergadura mayor que la propia vida. Supongo que es la misma llamada que sintieron otros hombres antes que yo y que les llevaron más lejos de lo nunca imaginaron en sus más locos sueños. El agua empieza a mojarme los pies; corre, insensato, con uno ya tenemos suficiente en el barco. Ah, la brisa del mar me dice que el fin se acerca. Allá en el horizonte veo a esos pobres hombres remando, huyendo de la vida misma. ¿Qué ocurre? ¿Por qué el barco se ha detenido hacia lo que parecía su inexorable final? Ahora soy el comandante de un trozo de madera en mitad del mar, en ninguna parte. ¡Qué contrariedad! ¿Eso significa que mi viaje aún no ha terminado?

El cuerpo


Así empezaba. Las arterias eran hierro candente. Quemaban, y todo el cuerpo estaba recorrido por una red al rojo vivo. La piel ardía. Los músculos tensos se agitaban luchando unos contra otros. El latido en las sienes no presagiaba nada bueno. Desde el cerebro se orquestaba ese caos focalizado en una idea concreta. Los ojos estaban fijos en un punto, mientras los labios se apretaban con fuerza el uno contra el otro, como hacían los dientes.
Llegó el frío y las arterias se quedaron rígidas. El corazón se paró, ya inútil. Los músculos se detuvieron, al igual que el cerebro. Los ojos se perdieron en un horizonte que no se veía y la cara quedó indiferente. Y así acababa.

jueves, 30 de agosto de 2012

Island song

No era lo que tenía en mente, pero es escuchar esta canción y me ablando.

lunes, 6 de agosto de 2012

Ríos

Dos ojos verdes que son como ríos contra los que no se puede ir contracorriente, sólo seguirlos a donde vayan. Un movimiento suave y constante que fluye por su lecho como lo ha hecho siempre. Ríos que son como caminos de los que conoces el comienzo, pero no el final, en los que confías el destino de tu viaje, sea cual sea. Lo que importa es el viaje a través de los valles, montañas y árboles que se suceden uno tras otro en la orilla y da igual a dónde te lleven. Sin rumbo, solamente confiando en ellos.
Ríos verdes que son la vida en el desierto. Un verde que no parece real, que no se parece a nada. No es el verde azulado del mar, ni el verde un poco amarillento de las hojas, ni el verde brillante de la hierba, es su verde. Un verde único que se graba en las retinas de aquellos que lo ven.
Dos ojos verdes que son como ríos en los que eres una extraño hasta que te susurran que tu viaje ha terminado. Ríos que son el principio y el final y todo lo que hay entre medias. Que lo son todo para el desierto. 
Dos ojos verdes que son como ríos en los que sólo quieres sumergirte y que te lleve la corriente.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Frustación

Me siento como si estuviera varado.

miércoles, 18 de julio de 2012

LFC

Hay cosas que cuesta creer que se estás viendo. Que son reales. Lo compruebas tres, cuatro, seis veces, nervioso te levantas de la silla para volver a mirar. Están ahí.
Como una luz blanca y brillante en la oscuridad total. Como una botella de agua helada en el desierto. Como la última galleta con chocolate cuando pensabas que no quedaban. Pero multiplicado por mil. Por un millón. "We are the champions" sonando a todo volumen. "Wolf like me" a doscientos por hora en un Nissan GT-R.
Y te acuerdas de la gente. De la noche antes. Del sufrimiento y la incertidumbre. De en quién pensaste antes, durante y después del examen. Y le dijiste que, si lo conseguías, se lo dedicarías.
Lo que me gustaría sería transmitirte exactamente lo que sentí, pero como no puedo, esto es para ti.

Fragmentos

Voy a poner cosas que he empezado a escribir estos días, pero que no he llegado a terminar. No tienen ni conexión entre ellas. Los dejo tal cual los escribí en su momento, sin más.

***

Miré desde el borde del precipicio. Debajo de mí las olas rompían contra las rocas afiladas. Delante de mí, el mar.

***

Miró el dibujo durante unos segundos con la ceja derecha levantada. Lo dejó sobre la mesa, se levantó y dió dos vueltas a la habitación para volver y mirarlo de nuevo. En su cara se dibujó un gesto de desconcierto. Ladeó un poco la cabeza, como un perro confuso.
-No lo entiendo- le dijo a su interlocutora.
-Obviamente- le respondió ella -Pero no te preocupes demasiado, yo tampoco- le confesó.
-Pero lo has hecho tu. Algo me podrás decir.- Cogió el papel, lo puso de lado, del revés, al trasluz.
-No, es lo que hay. Me salió así, no le des más vueltas. Mira, si no lo quieres puedes...- se levantó y tendió su mano derecha.
-No, me gusta. Quiero decir, me gustaría entenderlo, pero me gusta. No se por qué.
Ella resopló.
-Anda que no eres raro ni nada.

***

No se trata de la hoja en blanco. No se trata de un espacio vacío delante de mí que cuesta llenar con palabras. Puedo tener la misma sensación al sentarme delante de ese libro que me acompaña a todas horas. Páginas y páginas llenas de letras, palabras, esquemas y sin embargo tan vacuas para mí.
La sensación de abatimiento, de incapacidad, de hastío. De que no hay nada que entre o salga de mi mente, como si estuviera esclerosada, rígida, sin la chispa que antes creo que tenía. Puede que fuera una simple ilusión.
Ya está, ya no me sale nada más. Es como si esto hubiera sido un pequeño escape de creatividad en un último esfuerzo. Como las últimas gotas de champú en su bote. Lo que queda cerca del tapón.

***

La tormenta se acercaba cada vez más. Los truenos sonaban a lo lejos, pero se acercaban. Jack siguió escalando las ruinas sin darle mucha importancia.

***
Me miré en el espejo. Conocía cada marca, lunar, peca, arruga que surcaba mi cara cansada. Recordé cuando años atrás ese mismo reflejo estaba más limpio, menos gastado. Y como lo odiaba. El reflejo me devolvió una mueca que debía haber sido una media sonrisa en algún momento. Ya no había espacio para el odio, sólo había vacío. Un vacío que lo ocupaba todo. Tal vez algo de miedo. No estaba acostumbrado a sentir miedo. Cuando lo que más temes en el mundo es a ti mismo, lo demás no asusta.


domingo, 15 de julio de 2012

El aparcamiento

El sitio se llamaba Puccini's. Un nombre muy italiano para ser de un polaco. Pero esa era la idea. Yo estaba en el aparcamiento, dentro del coche con las ventanillas bajadas, sudando. Daba igual que fuera de noche, la humedad y el calor no se iban a ninguna parte y menos allí dentro.
Miré alrededor. Las farolas iluminaban débilmente la carretera, el restaurante tenía sus propios focos y después nada. El resto estaba sumido en la más absoluta oscuridad. A lo lejos podían verse algunas otras luces solitarias. Siempre me había gustado mirar la oscuridad, la oscuridad profunda, auténtica, el más absoluto negro.
¡Qué calor hacía! Parecía que hasta el asfalto sudaba. Noté como me caía alguna gota de la frente. Miré y efectivamente el sudor se había estampado en caída libre sobre mi camisa. Lástima que fuera blanca.
En la radio estaba sonando "Have you seen Bruce Richard Reynolds?" en el momento en el que al fin, vi llegar el coche blanco que había pasado dos horas esperando. Y dentro del mismo, mi objetivo. Me metí la mano en el bolsillo y el metal me devolvió un poco de calma.
Esperé hasta que hubo aparcado. En cuanto abrió la puerta salí lentamente del coche, no tenía que parecer nervioso. Le pillé de espaldas, mientras estaba cerrando. Creo que no me oyó llegar. Ataqué sin vacilar, no puedes vacilar en el momento decisivo.
-¿Señor Tarkovsky?
Ligeramente sobresaltado, el viejo se dió la vuelta.
-Si, soy yo.- dijo un poco confuso.
Me metí la mano en el bolsillo y saqué una de las piezas fundamentales de mi trabajo: mi tarjeta de visita.
-Soy Scott Fitzgerald, de seguros Halifax. Quería proponerle un seguro fantástico para su local. Estamos en plena campaña y le regalaríamos el del coche.
Tarkovsky me miró como si fuera idiota. Odiaba que me pusieran esa cara. Esto es mi trabajo, yo no les pongo mala cara cuando me sirven eso a lo que este polaco llama risotto.
-No me interesa. Ahora, si no le importa, tengo trabajo que hacer.- Y se fue caminando hacia la entrada de empleados del Puccini's.
Volví a mi coche. Antes de arrancar, saqué de mi bolsillo el precioso bolígrafo metálico que había regalado mi mujer en mi último cumpleaños. Era reconfortante. Eché un último vistazo a la oscuridad, y me dispuse a volver a casa.

jueves, 12 de julio de 2012

Últimamente

Últimamente esto de escribir se me da bastante mal, como si fuera un pato cojo y ciego intentando cruzar una carretera llena de italianos. O algo así. Y como he encontrado algo bonito, pues queda mucho mejor que el puré de pato.

EuroLapse from David Kosmos Smith on Vimeo.

martes, 10 de julio de 2012

Songgaar*


Todos vamos a morir, no es ningún secreto. Desde la persona más poderosa del planeta al habitante más humilde, el final es siempre el mismo. Pero el camino no. Decía Machado que se hace camino al andar, en una alusión a que nuestro destino no está marcado, somos nosotros los que decidimos el viaje hacia la tumba. La tribu Tuva de Rusia considera que el futuro no es lo que tenemos delante sino lo que tenemos detrás, lo que no podemos ver.
Así es como me siento ahora; ahora que he hecho mi último examen, que eran mis metas a corto plazo, me encuentro perdido. No tengo visión de mi futuro. Como mucho, pienso un poco en lo que pasará mañana.
Ni siquiera ayer pude predecir cómo sería el viaje de hoy. Un viaje que he hecho decenas de veces, ha sido completamente distinto a lo que estoy acostumbrado. Tal vez es la forma que tiene el mundo de decirme que era la última vez que lo hacía, al menos de esta manera.
Paso canción tras canción en mi reproductor de música esperando que el de con la canción que le pega a este momento, pero sin éxito. Termino cogiendo el portátil y escribiendo en la oscuridad algunas líneas que, vistas desde fuera, no tendrán sentido. O se lo buscaréis vosotros, y supongo que ahí está la gracia.
Si fuera pintor sólo pintaría cuadros inmensos de azul intenso, como Rothko, pero de un solo color. Me gustaría tener un cuadro así en casa.
Durante el viaje he estado sentado mirando las nubes. Una parecía un zorro, otra una especie de hombre lagarto haciendo submarinismo y otra una tortuga.
Me gustan los árboles que cuando sopla viento hacen el sonido de la lluvia.

*En lengua Tuva: Retroceder/el futuro

miércoles, 4 de julio de 2012

Aisha, I'm a murderer




Aisha
I'm confused

viernes, 22 de junio de 2012

02:03

Las luces naranjas intermitentes de fondo. El asfalto manchado debajo. Ni un sonido. Las compresiones torácicas que mueven un poco un cuerpo sin vida. Chalecos reflectantes. Detrás, el coche convertido en un retorcido montón de metal rodeado de trozos de cristal.
Mañana, una pequeña nota en el periódico y un ramo de flores en esa farola.

martes, 19 de junio de 2012

Los pianistas siempre se llevan lo mejor


En 2006 Derek Amato se dió un fuerte golpe en la cabeza al saltar a una piscina. Traumatismo cráneo-encefálico que dicen. Le hospitalizaron y todo lo demás. No parecía tener nada realmente malo, sólo dolor de cabeza. Pero se llevó otra cosa que nadie esperaba: se convirtió en un virtuoso del piano. Alguien que jamás había tocado un piano o recibido clases se había convertido en un pianista genial. (Aquí el artículo, en inglés, con vídeo y todo)

Hasta aquí los hechos. Pero quiero ir más allá de la propia noticia. La mayoría habrá pensado que es curiosa, o que ya les gustaría a algunos aprender a tocar el piano de la noche a la mañana a cambio de una contusión cerebral. Sin embargo, este hecho insólito puede tener más lecturas.


Todo el mundo asume que tocar el piano es algo, en esencia, bueno. Pero ¿y si el bueno de Derek era uno de esos pesados busca-atención de las fiestas que se preparaba chistes para luego poder ir contándoselos a todo el mundo? Ahora tiene algo con lo que dar el coñazo en todo evento al que vaya, ya sean bodas, bautizos o fiestas en casa. Me lo imagino llevando un teclado a cualquier parte para poder decirle a la gente "Ey, ¿Queréis que toque algo? Claro que si, acabo de componer una pieza de cuarenta y cinco minutos que..." Y sus pobre víctimas ¿Qué defensa tienen? ¿Quedar como paletos al decirle que les deje en paz? 


Tocar un instrumento (no digamos algo como el piano) está completamente sobrevalorado en nuestro sociedad. Si al menos se hubiera pasado la vida practicando para luego tener que dedicarse a cualquier otra cosa de la que poder vivir, tendría ese encanto triste de alguien que ha renunciado a una parte importante de su vida para hacer algo en lo que sólo destaca uno de cada cien mil. Pero no, este tío simplemente se dió en la cabeza. 


Si estás en un bar o restaurante y hay un piano y alguien se pone a tocarlo (bien) la gente le aplaudirá y pensará "¡Joer, cómo toca el piano ese hombre, que gusto de persona!". Si cuando terminara alguno de los asistentes se levantara y dijera: "Yo he descubierto la forma en la que los mastocitos liberan la histamina cuando el antígeno se une a la IgE y con ello he hecho la vida mejor a mucha gente" los otros comensales le tirarían los panecillos, alguno seguro que malvadamente untado con mantequilla para que se quede pegado o por lo menos ensucie a ese tipejo.  


Al acabar la noche, yo abrazaría a ese pobre científico y le diría: "los pianistas siempre se llevan lo mejor".

martes, 12 de junio de 2012

Descubrimiento de hoy, que llega para quedarse



Lo descubrí por el anuncio de la 1, pero la versión acústica es todavía mejor.

lunes, 11 de junio de 2012

Caminé hasta que la ciudad se acabó.

-¿Sabes lo que hay al final de la ciudad?
-¿Qué?
-Nada. No hay nada.

viernes, 1 de junio de 2012

Poner títulos no es mi fuerte, así que creo que lo llamaré de una manera aleatoria. Bah, paso de ponerle nombre

He llegado aquí tras dar unas vueltas por la Internet que conozco. He llegado aquí sin saber muy bien por qué o qué voy a hacer ahora que finalmente me he puesto a escribir. Supongo que desvariaré un rato, luego miraré el texto y como no tengo muchas ganas de hacer nada, lo publicaré. Si leéis esto, es que he decidido publicarlo.

De un tiempo para acá, escribo poco. Siempre lo he achacado a la carrera, pero mirando mi archivo, ahí a la derecha, abajo, creo que no es de verdad el motivo. Y es que cada vez escribo menos, y no es que cada vez tenga más carrera. Tal vez me estoy volviendo tonto. O tal vez me estoy dejando llevar por las modas de apartar los blogs para hacer cosas de consumo rápido. Puede que sea por eso que en lugar de escribir pongo vídeos o imágenes acompañados de unos tristes párrafos. Lo más probable es que sea un mezcla de todo.

Y es que estos días están siendo una mezcla de todo. Las cosas (así, en general) se han metido todas en la thermomix y el resultado es un tanto extraño. Sentimientos mezclados con recuerdos, con nostalgia, con nostalgia que sentiré en el futuro, con alegría, con cosas bizarras.
Espero seguir escribiendo aquí durante mucho tiempo. Lo necesito. Necesito una válvula de escape. Además me lo imagino de forma literal abriendo una válvula, probablemente en algún lugar de mi cuerpo, más o menos en las últimas costillas, en un lado, y saliendo de allí un vapor blanco que impregna la pantalla con letras. Algo así.

Espero ser médico y seguir escribiendo aquí lo que me apetezca, sin darle explicaciones a nadie, sólo por el gusto de escribir, de crear algo que aunque no sea original, nunca se haya escrito. Escribir historias sobre futuros semiapocalípticos en los que la gente malvive, historias sobre Engel, historias que no llevan a ninguna parte, tres líneas escasas sobre un momento en el que sentí algo que me gustaría guardar para recordar más tarde.

Esta noche hace mucho calor, sobre todo para estar aquí. Allí es lo normal. Hoy la ciudad se ha empeñado en hacerme sentir como si estuviera allí. Pero todavía no es mi momento. Todavía no, y aun quedan muchas cosas por hacer. Si muriera esta noche, lo que más me jodería sería las cosas que me quedan por hacer, asuntos pendientes. Así que me convertiría en un fantasma, según la cultura popular (¿Sabéis que hay gente que cree genuinamente en ellos?). Y vagaría de aquí para allá hasta que los hubiera resuelto, pero sería imposible porque sería un fantasma y por tanto, incorpóreo. Watsky dice que los fantasmas se deben sentir como si visitaran su antiguo instituto: todo les suena pero no reconocen a ninguno de los chavales nuevos. Y nos observan cómo fingimos que comprobamos nuestros móviles como si hiciéramos algo importante. Mientras, la economía de mi país va de mal en peor pero a mi me importa poco porque ya se que no me van a pagar. Me conformaré con que me dejen dormir en las camillas libres, me den de comer las sobras de las comidas de los pacientes y me paguen de vez en cuando en especias. "Tome, doctor, este paciente no se ha acabado los analgésicos, puede quedárselos" Y yo saltando de alegría. ¡Analgésicos! Eso si que tiene buena salida en el mercado negro, no como esas malditas pastillas para las enfermedades raras que nadie quiere nunca.
Y finalmente, sólo quiero escribir algo que me ronda la cabeza desde que lo leí el otro día y tengo que hacerlo público: en mi desodorante, el encabezado de la advertencia de seguridad en español es: "PRECAUCIONES DE EMPLEO" hasta ahí, todo bien. En inglés, en cambio, es: "SOLVENT ABUSE CAN KILL INSTANTLY. CAUTION." Cuando lo vi por primera vez me acojoné. Ahora tengo la sensación de que encima de mi mesa tengo un arma de destrucción masiva.
Vaya, la tontería me ha quedado larga. Si has llegado hasta aquí es que no tienes mejoras cosas que hacer, lo cual, perdóname que te diga, es un poco triste.

lunes, 28 de mayo de 2012

jueves, 24 de mayo de 2012

Estaba arrodillado sobre el asfalto y miraba como mis sueños, mis ilusiones, se me escapaban entre los dedos. Los dejaba ir, porque sabía que apretar los puños sólo empeoraría las cosas. Mientras iban desapareciendo, lloraba. Lloraba sobre ellos como tantas otras veces. Tantas otras veces en las que había sido yo el que los había destruido. Dentro de mí, mi parte más humana se iba con esos sueños, mientras que sólo quedaba el frío, la crueldad el vacío. Una cáscara vacía que se movía, caminaba e incluso bromeaba, pero que por dentro estaba muerta. Cada vez que algo volvía a bombear sangre a mis arterias, era más temprano que tarde, extraído de mí y caía sobre mis manos para sangrar mis sueños sobre el asfalto iluminado por una luz naranja.
Una y otra vez hasta que no quedó de mí nada más que dolor y vacío.

lunes, 21 de mayo de 2012

Desaparecer

No se si lo he puesto alguna vez. Como cada vez escribo menos, esta vez dejo que otros lo hagan por mí.
Nota: mejor en pantalla completa y HD.

viernes, 30 de marzo de 2012

Cáncer

Cuando la población de los países ricos empezó a ganar la batalla a las bacterias y los virus, según se fue haciendo más longeva, otras enfermedades se volvieron más importantes debido a la biología imperfecta de nuestro cuerpo.
El ser humano tiene dentro de sí una especie de cuenta atrás. Un temporizador que marca el momento en el que todos los sistemas de seguridad moleculares, genéticos, celulares e inmunitarios fallan y una célula, una única célula, comienza a duplicarse sin control. Una única célula de nuestro propio cuerpo que es capaz de destruirnos.
La manera habitual de tratarlo es sacándolo de nuestro cuerpo y atacando el mismo esperando que, al final, cuando el humo de la batalla se disipe, hayamos ganado.

Una casa

Imagino una casa con suelo de madera, los marcos de las ventanas son blancos. Está hecha de piedra y tiene un pequeño jardín detrás. No es muy grande, lo justo para que quepa lo que tengo y pueda mirar las nubes cuando me siento en el sofá del salón.
En el jardín hay un árbol al que he visto crecer. Y flores silvestres. En verano saco una silla y leo descalzo, con los pies en la hierba. Por las mañanas se oye a los pájaros piar.

Aunque nunca vaya a vivir en una casa así, siempre habrá un lugar como ese dentro de mí.

domingo, 18 de marzo de 2012

Vivian

Las olas rompían contra las rocas erosionando lentamente su superficie y haciendo que saltaran millones de pequeñas gotas de agua salada que se mezclaban con la fina lluvia que más que caer, flotaba en el aire.
Vivian se empapaba poco a poco, sin darse cuenta. Su pelo rojo y largo se oscurecía cuanto más se mojaba. Estaba absorta mirando las olas. Los otros chicos del pueblo solían reirse de ella por ese tipo de cosas. Podía pasarse horas mirando cómo las hojas de los árboles se movían con el viento o cómo las hormigas llevaban migas de un lugar a otro. Tampoco era consciente de los adultos que a cierta distancia estaban hablando sobre ella.
De pronto se dio cuenta de que su madre estaba a su lado, llorando en silencio. La cogió tiernamente de la mano, sin decir nada, y se la llevó a aquellos hombres extraños que acaban de llegar al pueblo.
Vivian no volvió a ver su pueblo natal, ni a sus padres, o al menos, no volvió a reconocerlos como tales. Pero aún miraba el mar como cuando era una niña.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Nada

Escribo poco porque hay poco que contar. O mejor dicho, porque quiero contar poco. Y aún así, este lugar público, este lugar que puede ser visto desde cualquier parte del mundo por cualquiera es más privado que otros muchos que tengo.
Últimamente tengo una pequeña crisis de privacidad. No se trata de lo que una empresa quiera saber de mí, sino lo que quieren saber de mí los que están a mi lado, aunque yo no quiera que estén ahí. Este último curso está siendo, de alguna manera, una agonía de cosas que se acaban pero no se terminan.
Después quedará un recuerdo vago que florecerá de vez en cuando en conversaciones, en fotos, en pequeños reencuentros, pero ya está, y sin embargo, quiero que se termine de una vez.
Claro que lo echaré de menos, pero ya he tenido suficiente. Eso sin contar la frustración. Pero con eso creo que tendré que vivir el resto de mi vida, a menos que las cosas cambien, lo cual es poco probable.

domingo, 12 de febrero de 2012

viernes, 20 de enero de 2012

Arte

Me gustaría escribir algo bueno, bueno de verdad. Que la gente lo leyera y pensara que no es mío. Algo que hiciera sentir algo fuerte a quien lo tuviera frente a sus ojos. Una sensación eléctrica en la nuca como la que yo siento cuando una obra me llega de verdad.

Querría escribir un Guernika, un American Pie, una Metamorfosis.

Pero en lugar de eso estoy aquí, haciendo un estúpido cuaderno que no leerá nadie, que acabará amontonado en algún lugar oscuro junto con otros de su especie hasta que alguien se acuerde de ellos y los tire a la basura.

De la adolescencia sólo echo de menos la ingenuidad. Esa ingenuidad que me hacía pensar que yo podría ser tan bueno como ellos y crear algo único, una obra que perdurase en el tiempo o que salvar una vida sería un hecho trascendente para la humanidad. Creer que podía solucionar el mundo era reconfortante.

Pero cuando se fue esa ingenuidad (y arrogancia) pude empezar a admirar las obras como se merecían. No soy tan bueno como ellos, pero al menos puedo nutrirme de lo que crearon.

Será mejor que vuelva al trabajo, hay una tarea repetitiva y tediosa que necesita mi atención.
Foto: Portable cathedrals

viernes, 13 de enero de 2012

Cosas más importantes que las que suelo escribir

Últimamente hago poca cosa. Al menos en el mundo real, claro. Porque he jugado muchísimo al Portal y Portal 2. En cualquier caso, hay cosas mucho más importantes.
Esta entrada y este sitio, por ejemplo.