martes, 19 de junio de 2012

Los pianistas siempre se llevan lo mejor


En 2006 Derek Amato se dió un fuerte golpe en la cabeza al saltar a una piscina. Traumatismo cráneo-encefálico que dicen. Le hospitalizaron y todo lo demás. No parecía tener nada realmente malo, sólo dolor de cabeza. Pero se llevó otra cosa que nadie esperaba: se convirtió en un virtuoso del piano. Alguien que jamás había tocado un piano o recibido clases se había convertido en un pianista genial. (Aquí el artículo, en inglés, con vídeo y todo)

Hasta aquí los hechos. Pero quiero ir más allá de la propia noticia. La mayoría habrá pensado que es curiosa, o que ya les gustaría a algunos aprender a tocar el piano de la noche a la mañana a cambio de una contusión cerebral. Sin embargo, este hecho insólito puede tener más lecturas.


Todo el mundo asume que tocar el piano es algo, en esencia, bueno. Pero ¿y si el bueno de Derek era uno de esos pesados busca-atención de las fiestas que se preparaba chistes para luego poder ir contándoselos a todo el mundo? Ahora tiene algo con lo que dar el coñazo en todo evento al que vaya, ya sean bodas, bautizos o fiestas en casa. Me lo imagino llevando un teclado a cualquier parte para poder decirle a la gente "Ey, ¿Queréis que toque algo? Claro que si, acabo de componer una pieza de cuarenta y cinco minutos que..." Y sus pobre víctimas ¿Qué defensa tienen? ¿Quedar como paletos al decirle que les deje en paz? 


Tocar un instrumento (no digamos algo como el piano) está completamente sobrevalorado en nuestro sociedad. Si al menos se hubiera pasado la vida practicando para luego tener que dedicarse a cualquier otra cosa de la que poder vivir, tendría ese encanto triste de alguien que ha renunciado a una parte importante de su vida para hacer algo en lo que sólo destaca uno de cada cien mil. Pero no, este tío simplemente se dió en la cabeza. 


Si estás en un bar o restaurante y hay un piano y alguien se pone a tocarlo (bien) la gente le aplaudirá y pensará "¡Joer, cómo toca el piano ese hombre, que gusto de persona!". Si cuando terminara alguno de los asistentes se levantara y dijera: "Yo he descubierto la forma en la que los mastocitos liberan la histamina cuando el antígeno se une a la IgE y con ello he hecho la vida mejor a mucha gente" los otros comensales le tirarían los panecillos, alguno seguro que malvadamente untado con mantequilla para que se quede pegado o por lo menos ensucie a ese tipejo.  


Al acabar la noche, yo abrazaría a ese pobre científico y le diría: "los pianistas siempre se llevan lo mejor".

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