jueves, 9 de mayo de 2019

Algo más

Hacía calor para ser primavera. La noche era hasta pegajosa, meses antes de que lo que solía tocar. Temprano, muy temprano en el año, pero es que ya nada es lo que era. Ya no se puede confiar en las estaciones. Ni en las estaciones de servicio tampoco.
Aquella gasolinera era igual que todas las demás, porque las gasolineras son siempre iguales. Son feas y prácticas. Recuadritos iluminados en la oscuridad. Muy muy al fondo se veían las tímidas luces naranjas de algunas farolas, no estábamos tan lejos de la civilización (si llamamos civilización al sur de Madrid).
Tal vez era la falta de sueño, tal vez era el día agotador, o tal vez era simplemente que las tres de la madrugada las cosas se ven de otra manera, pero pensé que todo encajaba; como si de pronto toda mi vida tuviera un mismo hilo argumental que me había llevado hasta aquella gasolinera.
Por suerte, mi compañero no tardó en echarle suficiente gasoil a la ambulancia para otra guardia más y nos fuimos pronto dejando atrás aquellos carteles luminosos y aquella horrible sensación de plenitud.
Debe haber algo más en la vida ¿Verdad? Algo más que la adrenalina, el sentimiento, la emoción, el amor, la diversión, la sorpresa. Algo más.

jueves, 10 de enero de 2019

Fight for your right (to party)

Eso decían los Beasty Boys. Pero no es eso por lo que he venido aquí hoy. Lo primero es lo primero, me he horrorizado al descubrir que no escribí nada aquí en un año entero. Cierto que tampoco estoy seguro de que nadie, menos tú, Víctor, leas esto. De vez en cuando entro y te leo, aunque tú también hayas disminuido lo que públicas aquí, pero me consta que sigues escribiendo y sigo queriendo que publiques un libro porque tienes madera para ello y ahora tienes una profesión muy guay para poner en la contraportada y que se vea que no eres un tipo que vive del cuento (no había planeado hacer el juego de palabras, pero me ha quedado bien así que lo voy a dejar).
No sé muy bien por qué había empezado esta defensa de que publiques un libro y me pongas en los agradecimientos, pero la cuestión es que he venido aquí por algo que he escrito en Instagram y me ha gustado y he pensado que me apetece escribir y estoy dudando en si reutilizo lo de Insta ya que no ha quedado mal. Realmente  también es un mensaje para alguien, pero no tan directo como lo de Víctor ahí arriba. Lo voy a subir con la foto acompañante y todo, que es de mi flor de Pascua, que está casi casi muerta. Le hice una foto con la Sony A7 II con el Minolta 50mm f1.4, con mucho bokeh porque si, porque me gustan las fotos borrosas.
Voy a intentar que no se muera. No siempre se puede, hay veces que es demasiado tarde o que desde un principio no había nada que hacer. Pero lo voy a intentar, porque soy testarudo, porque me cuesta dejar estar las cosas. Al personaje de Jack en Perdidos le decían que no podía "let it go" (difícil traducción) y siempre me sentí identificado. Es difícil buscar el equilibrio entre aferrarse demasiado y perder oportunidades. Supongo que al final se reduce a cuánto vale la pena aquello por lo que estamos luchando ¿No?

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Flotar

“Nunca serás feliz” me dijo. Aún resuena en mi cabeza como un eco. “Puede” le contesté en ese momento. Y creo que ahora mismo le diría lo mismo. Tal vez esa frase sin contexto pueda malinterpretarse; una vez una amiga me dijo que no me gustaba ser feliz, que me boicoteaba cuando lo era. A ella debió calarle más que a mí ya que me la dijo años después de que le contara la conversación con mi amiga.
A veces creo que tienen razón: disfruto de los pequeños momentos que me va brindando la vida como una napolitana de chocolate o el olor de la hierba recién cortada, pero no de los temas trascendentales, como si no me los mereciera. Me he llegado a castigar con más trabajo, con dormir menos, con un ánimo apático incluso.
Por otro lado ¿Qué es lo trascendente? La rutina, los planes de futuro, la ausencia de una conversación agradable, en pos de una estabilidad que temo era solo inercia. He usado muchas veces esa palabra, inercia, para referirme a relaciones que se mantienen por el hecho de llevar mucho tiempo, sin nada más que la sostenga.
Claro que el problema puede estar en los demás y no en mí.
Como dijo Homer Simpson: “es fácil culparnos a nosotros mismos, pero es aún más fácil culpar a los demás”

miércoles, 8 de noviembre de 2017

No estoy triste

No estoy triste. Es un sentimiento melancólico, tal vez por haber estado hoy en el Paseo de los melancólicos, literalmente. Tal vez es aún más literal y se trate de la melancolía griega, del acúmulo de humor negro dentro de mí.
Después de once años de preparación uno espera ir a lo grande. Cuando un tercio de tu vida se ha dedicado a recorrer este camino no esperas ser el limpiador de los demás. Me enseñaron a ser orgulloso, a levantar el mentón y defender cuando pensaba que tenía razón; la satisfacción de tener razón hasta alcanzar grados algo bochornosos es mía, cierto. Pero cuando la tienes, cuando llevas razón... ¡Bang! Y se lo deseas estampar a esa compañera de trabajo ¿Dónde está tu gallardonaría ahora? ¿Dónde está tu mirada de desprecio? ¿Dónde están tus preguntas absurdas? ¡Sepsis respiratoria!¡Boom! ¿Quién iba a decirlo? ¡Yo, joder, yo! Claro que lo dije ¡En tu cara! Seré el limpiafondos de esta ciudad pero el diagnóstico no me lo quita nadie.
Pequeñas y absurdas victorias intimas y personales que me ayudan a llevar el día a día.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Momento trascendente sin trascendencia

De vez en cuando entro aquí buscando inspiración, pero acabo saliendo con las manos vacías.

Me encuentro en un momento particularmente bueno. He terminado una fase y empiezo una nueva con ilusión y (por el momento) buen pie. Una vez hablé con una persona, con la que ya no me puedo comunicar, de esos momentos de introspección en los que parece que el tiempo se detiene y uno puede reflexionar sobre el universo, la vida o cualquier otro asunto que le venga a la mente.
Recuerdo uno de esos momentos, sentado sobre una valla de Gran Vía de noche, en primavera, soplaba una brisa suave y yo tenía una cámara en la mano.
Ahora soy capaz de sacar momentos así cuando voy al parque; cuando me pierdo entre los árboles y los búnkeres, exhausto y sudando puedo quitarme los auriculares y oír los pájaros piar (¿Cuánto tiempo hacía que no oíais la palabra"piar"?), notar el sol en la piel y la arena bajo los pies.
Ahora soy más feliz, pero sigo necesitando darle trascendencia a mi vida. Será que la anología de la vida como una carretera me parece demasiado determinista.

No está mal para tantos meses de sequía.

martes, 7 de marzo de 2017

Mantas en el asfalto

No oía al guardia civil gritar a los coches que no aminoraran, que siguieran su camino sin frenan para echar un ojo a lo que estábamos haciendo. La UVI móvil servía de pequeño parapeto, aunque yo no dejaba de pensar que aunque era mejor que no tener nada, si alguien se chocaba con ella nos arrollaría a nosotros.
Pero eso sólo eran pensamientos fugaces, la visión de túnel estaba haciendo su efecto, y mi atención se centraba sobre ese camionero tendido en el asfalto de la autovía. Vía aérea, masaje cardíaco, monitor. No se necesita mucho más. Una vez pasado el primer momento de pánico, la reanimación es sencilla, siempre y cuando te centres en lo importante. Los coches pasando a 80km/h a unos metros de mi no lo eran.
Después de media hora, paramos.
Y cuando paramos, oí al guardia civil. Y vi los coches que pasaban. Y un cuerpo cubierto por una manta sobre el asfalto, con las luces intermitentes naranjas y azules de la ambulancia y los coches de la Guardia Civil de fondo.
Hay formas buenas y malas de morir.

domingo, 15 de enero de 2017

La muerte puede perseguirte, pero lo que de verdad da miedo es el olvido

- Espera ¿Me estás diciendo que ese señor de ahí está muerto?- señaló con el índice a un tipo de unos cincuenta y tantos, con bufanda de cuadros y pelo canoso en los temporales, que caminaba calle abajo.
- Si, eso te digo. No como este que tenemos a los pies.
- Pero aquel tío camina, respira... Este a nuestro pies no. Está frío y blanco.- Estas últimas palabras las pronunció como si no debiera haberlas dicho, bajando el volumen, hasta dejar la última sílaba más intuida que dicha.
- Ese que camina está muerto emocional, psíquicamente. El que tenemos a nuestros pies será recordado durante mucho, mucho tiempo. Este está vivo, aquel no.- Se agachó para cerrar los ojos al cadáver que había a sus pies.- Atribuir la vida exclusivamente a la esfera biológica es demasiado simplista ¿No?

sábado, 31 de diciembre de 2016

Cohetes que ya han abandonado la órbita

Volvían a ser las cinco de la mañana. Mala hierba nunca muere, o algo así decían. Como los malos hábitos o los perros viejos. Nunca fuí muy bueno con las frases hechas y el refranero, que repito a mí mismo que no creo en él, pero algún refrán se me viene a la cabeza de forma ocasional, en modo de verdad absoluta. 
Al igual que lo demás, lo de hoy fue también un intento de repetir placeres pasados, pero pasados como están, ya no se disfrutan igual, como la fruta demasiado madura. Perdiste la oportunidad, un tren que se escapa, un autobús que parte, un barco que zarpa y miles de otros sinónimos de medios de transporte. 
Quiero contaros una historia sobre la oscuridad, el miedo y la naturaleza del ser humano, que está engarzada en las dos anteriores, pues hasta hace poco la desaparición del sol por el horizonte significa la oscuridad casi absoluta. Y en las estrellas dibujamos historias y en las sombras, monstruos. ¿Y si esas criaturas existieran de verdad? ¿Existen de verdad si existen en la cabeza de alguien? ¿Y de todos nosotros? 
Otro día, mejor.