sábado, 9 de septiembre de 2017

Momento trascendente sin trascendencia

De vez en cuando entro aquí buscando inspiración, pero acabo saliendo con las manos vacías.

Me encuentro en un momento particularmente bueno. He terminado una fase y empiezo una nueva con ilusión y (por el momento) buen pie. Una vez hablé con una persona, con la que ya no me puedo comunicar, de esos momentos de introspección en los que parece que el tiempo se detiene y uno puede reflexionar sobre el universo, la vida o cualquier otro asunto que le venga a la mente.
Recuerdo uno de esos momentos, sentado sobre una valla de Gran Vía de noche, en primavera, soplaba una brisa suave y yo tenía una cámara en la mano.
Ahora soy capaz de sacar momentos así cuando voy al parque; cuando me pierdo entre los árboles y los búnkeres, exhausto y sudando puedo quitarme los auriculares y oír los pájaros piar (¿Cuánto tiempo hacía que no oíais la palabra"piar"?), notar el sol en la piel y la arena bajo los pies.
Ahora soy más feliz, pero sigo necesitando darle trascendencia a mi vida. Será que la anología de la vida como una carretera me parece demasiado determinista.

No está mal para tantos meses de sequía.

martes, 7 de marzo de 2017

Mantas en el asfalto

No oía al guardia civil gritar a los coches que no aminoraran, que siguieran su camino sin frenan para echar un ojo a lo que estábamos haciendo. La UVI móvil servía de pequeño parapeto, aunque yo no dejaba de pensar que aunque era mejor que no tener nada, si alguien se chocaba con ella nos arrollaría a nosotros.
Pero eso sólo eran pensamientos fugaces, la visión de túnel estaba haciendo su efecto, y mi atención se centraba sobre ese camionero tendido en el asfalto de la autovía. Vía aérea, masaje cardíaco, monitor. No se necesita mucho más. Una vez pasado el primer momento de pánico, la reanimación es sencilla, siempre y cuando te centres en lo importante. Los coches pasando a 80km/h a unos metros de mi no lo eran.
Después de media hora, paramos.
Y cuando paramos, oí al guardia civil. Y vi los coches que pasaban. Y un cuerpo cubierto por una manta sobre el asfalto, con las luces intermitentes naranjas y azules de la ambulancia y los coches de la Guardia Civil de fondo.
Hay formas buenas y malas de morir.

domingo, 15 de enero de 2017

La muerte puede perseguirte, pero lo que de verdad da miedo es el olvido

- Espera ¿Me estás diciendo que ese señor de ahí está muerto?- señaló con el índice a un tipo de unos cincuenta y tantos, con bufanda de cuadros y pelo canoso en los temporales, que caminaba calle abajo.
- Si, eso te digo. No como este que tenemos a los pies.
- Pero aquel tío camina, respira... Este a nuestro pies no. Está frío y blanco.- Estas últimas palabras las pronunció como si no debiera haberlas dicho, bajando el volumen, hasta dejar la última sílaba más intuida que dicha.
- Ese que camina está muerto emocional, psíquicamente. El que tenemos a nuestros pies será recordado durante mucho, mucho tiempo. Este está vivo, aquel no.- Se agachó para cerrar los ojos al cadáver que había a sus pies.- Atribuir la vida exclusivamente a la esfera biológica es demasiado simplista ¿No?

sábado, 31 de diciembre de 2016

Cohetes que ya han abandonado la órbita

Volvían a ser las cinco de la mañana. Mala hierba nunca muere, o algo así decían. Como los malos hábitos o los perros viejos. Nunca fuí muy bueno con las frases hechas y el refranero, que repito a mí mismo que no creo en él, pero algún refrán se me viene a la cabeza de forma ocasional, en modo de verdad absoluta. 
Al igual que lo demás, lo de hoy fue también un intento de repetir placeres pasados, pero pasados como están, ya no se disfrutan igual, como la fruta demasiado madura. Perdiste la oportunidad, un tren que se escapa, un autobús que parte, un barco que zarpa y miles de otros sinónimos de medios de transporte. 
Quiero contaros una historia sobre la oscuridad, el miedo y la naturaleza del ser humano, que está engarzada en las dos anteriores, pues hasta hace poco la desaparición del sol por el horizonte significa la oscuridad casi absoluta. Y en las estrellas dibujamos historias y en las sombras, monstruos. ¿Y si esas criaturas existieran de verdad? ¿Existen de verdad si existen en la cabeza de alguien? ¿Y de todos nosotros? 
Otro día, mejor.

martes, 27 de diciembre de 2016

Erosión

Ponerme delante del teclado comienza a provocarme ansiedad, una sensación desconocida previamente en esta situación. Claro que he estado desesperado, asustado y frustado, pero no ansioso. Esta hoja en blanco se me antoja una burla de lo que fuí o de lo que creí ser. Antaño prolífico, hoy encerrado por muros invisibles a los ojos y la razón. 
Esta podredumbre que podría haber sido evitada, esta atrofia, erosión de los salientes que me hacían lo que yo era, convirtiéndome en un bosquejo de mi propia identidad. Como el viento frío se cuela por las rendijas de una ventana, incansable, imparable, mi yo interior se fue enfriando, normalizándome con el exterior.
No hubo días de gloria pasada, épocas doradas de júbilo infinito, sino una decadencia constante que se ha ido llevando, de tan poco en poco, mi yo que casi no me he dado cuenta. No hubo una gran explosión ni siquiera una lágrima derramada; simplemente no hubo.
Vuelvo a donde empezó todo, a la oscuridad de la noche cortada limpiamente por el brillo de una pantalla; otra pantalla si, y otro yo al otro lado.

miércoles, 27 de abril de 2016

lunes, 11 de enero de 2016

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Épocas

Cuando soy feliz escribo menos, es un hecho. Estoy demasiado ocupado viviendo mi vida para venir aquí a desahogarme. Contemplo menos cómo pasa el tiempo, las nubes, noto menos el aire que me rodea porque lo importante está en otro lugar. Cuando miro atrás veo épocas de mayor producción literaria y un cuerpo entumecido que dolía. Ahora me parece que si no escribo lo que siento no lo recordaré luego, pero me equivoco; de las partes buenas siempre me acuerdo.