Sam estaba congelado, mirando con horror aquel móvil. Podía sentirlo en la mano, sus latidos, su superficie suave y cálida.
Unos golpes autoritarios contra la puerta hicieron temblar todo su apartamento.
-¡Samuel Sinul! Somos de Necron Corporation, queremos hablar con usted.
Sam intentó reaccionar lo más rápido que pudo, metió el móvil en el primer cajón que tenía a mano y se dispuso a abrir la puerta. Se encontró con dos tipos gigantescos, con claros signos de cráneos poco desarrollados- a Sam le encantaba fijarse en el aspecto de la gente para determinar su inteligencia- sensación aumentada por los trajes oscuros que vestían.
-Buenas días, Sr. Sinul, discúlpenos la intromisión, pero nuestra empresa desea conocer los avances en la localización del dispositivo robado. Es de gran valor y...
-La investigación policial continúa- le interrumpió Sam en tono neutro, burocrático, funcionarial- serán informados cuando sea necesario y haya algo que informar.
-De acuerdo, Sr. Sinul, perdone las molestias.
Sam cerró la puerta y esperó a oírles coger el ascensor para abrir el cajón. En el dispositivo se mostraba: “Huye, saben que me tienes, volverán en veinte minutos”. Sam lo miró extrañado “¿Pero que es esta cosa, por qué parece que me habla y más preocupante aún, por qué parece querer ayudarme?”
El móvil añadió a su anterior frase: “Tienes poco tiempo, es hora de irse”
martes, 13 de julio de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
Sudor frío
Desperté empapado en sudor frío, y lo único que sentía era dolor y miedo. Ni la sangre corría por mis venas, se coagulaba por ellas mientras mi corazón latía con fuerza intentado escapar de aquel horror. Lo notaba en el pecho, golpeándose contra las paredes de mi tórax, lo notaba en mis sienes.
Quise gritar pero no pude, sólo un gemido ahogado salió de mi garganta, seca y áspera y en cada momento mis sentidos eran más conscientes de lo que ocurría a mi alrededor; miré y sólo vi oscuridad, toqué y sólo noté algo viscoso debajo de mí, sentí y supe que ya no tenía piernas sino muñones aun húmedos de sangre o tal vez sudor. Creí estar cayendo, y me agarré con fuerza al material viscoso hasta que perdí la consciencia.
Más tarde volví en mí. Lo primero que hice fue palparme las piernas, que seguían allí. Poco a poco fui reconociendo mi habitación y el sol que se filtraba en forma de pequeños rectángulos por la persiana y la cama encharcada de mi sudor aún tibio.
Había sido una mala noche, nada más. O eso quise hacerme creer.
Quise gritar pero no pude, sólo un gemido ahogado salió de mi garganta, seca y áspera y en cada momento mis sentidos eran más conscientes de lo que ocurría a mi alrededor; miré y sólo vi oscuridad, toqué y sólo noté algo viscoso debajo de mí, sentí y supe que ya no tenía piernas sino muñones aun húmedos de sangre o tal vez sudor. Creí estar cayendo, y me agarré con fuerza al material viscoso hasta que perdí la consciencia.
Más tarde volví en mí. Lo primero que hice fue palparme las piernas, que seguían allí. Poco a poco fui reconociendo mi habitación y el sol que se filtraba en forma de pequeños rectángulos por la persiana y la cama encharcada de mi sudor aún tibio.
Había sido una mala noche, nada más. O eso quise hacerme creer.
miércoles, 30 de junio de 2010
Dream Stalker
I like to do things that make me scared
Chasing the dark side of life
Always chasing the inner soul
That's why every morning when I wake up
I always bolt upright in fear
I wake up with that same fear
And it was almost like time had stood still
And it was almost like it was a dream
Chasing the dark side of life
Always chasing the inner soul
That's why every morning when I wake up
I always bolt upright in fear
I wake up with that same fear
And it was almost like time had stood still
And it was almost like it was a dream
lunes, 21 de junio de 2010
Con los ojos cerrados
Me encontraba en mitad de un campo verde que se extendía hasta el horizonte, el cielo oscuro se arremolinaba sobre mí y el viento soplaba con fuerza.
Era tu mano en mi nuca, jugando con mi pelo.
Era tu mano en mi nuca, jugando con mi pelo.
sábado, 12 de junio de 2010
Los ordenadores del futuro
Este vídeo explica bastante bien cómo serán los ordenadores del futuro.
http://10gui.com/video/
¿Cuál es la diferencia fundamental con los actuales? La misma que hace atractivo al iPad: el ser táctil. La tecnología del futuro no sólo será táctil, sino que será sensitiva en general; la tecnología será cercana y adaptada a nosotros. Y antes de llegar a los ordenadores de sobremesa, llegarán los tablets.
Entonces ¿el iPad es el futuro? Básicamente, no. Aunque apunta maneras y va en buen camino, es deficiente por completo. Y es que si Apple ha hecho un buen trabajo en la parte de la interfaz táctil, su obsesión por el “finger-friendly” les ha hecho olvidar el reconocimiento de escritura ¿Qué otra manera de entrar texto es más natural que la escritura a mano?
Y el otro fallo fundamental es que no tiene lo que se suele llamar respuesta háptica: una ligera vibración que nos avisa de que la pantalla ha sido pulsado. Algunos creen que es para emular la sensación de pulsar un botón, pero no es así, es la forma táctil que tiene el dispositivo para decirnos que nos han captado.
Antes que a los ordenadores, el paso intermedio serán los tablets, de los cuales iremos viendo cada vez más. Esperemos que las interfaces acompañen al uso de las pantallas táctiles:
Este es el concepto de Google para sus tablets. A finales de año, el iPad, Chrome OS, Meego y demás tendrán tablets en el mercado, que serán la renovación del concepto de dispositivo portátil.
http://10gui.com/video/
¿Cuál es la diferencia fundamental con los actuales? La misma que hace atractivo al iPad: el ser táctil. La tecnología del futuro no sólo será táctil, sino que será sensitiva en general; la tecnología será cercana y adaptada a nosotros. Y antes de llegar a los ordenadores de sobremesa, llegarán los tablets.
Entonces ¿el iPad es el futuro? Básicamente, no. Aunque apunta maneras y va en buen camino, es deficiente por completo. Y es que si Apple ha hecho un buen trabajo en la parte de la interfaz táctil, su obsesión por el “finger-friendly” les ha hecho olvidar el reconocimiento de escritura ¿Qué otra manera de entrar texto es más natural que la escritura a mano?
Y el otro fallo fundamental es que no tiene lo que se suele llamar respuesta háptica: una ligera vibración que nos avisa de que la pantalla ha sido pulsado. Algunos creen que es para emular la sensación de pulsar un botón, pero no es así, es la forma táctil que tiene el dispositivo para decirnos que nos han captado.
Antes que a los ordenadores, el paso intermedio serán los tablets, de los cuales iremos viendo cada vez más. Esperemos que las interfaces acompañen al uso de las pantallas táctiles:
Este es el concepto de Google para sus tablets. A finales de año, el iPad, Chrome OS, Meego y demás tendrán tablets en el mercado, que serán la renovación del concepto de dispositivo portátil.
jueves, 27 de mayo de 2010
El alma de la compañía
En la celda de la compañía, mirando ensimismada los reflejos que provocaban las luces del techo en su espada, estaba Ariel. Los demás estaban por ahí, no estaba muy segura de dónde, pero en ese momento no le importaba.
Después del embarazoso momento de la gruta, dudaba de su capacidad de liderazgo y su confianza en sí misma. “¿Qué clase de miguelita soy si me dejo llevar por mis impulsos?”
Kiel... Kiel el atrevido, valiente, arrojado, astuto, sagaz, hábil e inteligente urielita. Por un momento, Ariel dejó de vituperarse para pensar en él. “Es tan irritante, parece que le encanta hacerme rabiar. La próxima vez que lo vea le diré que estoy harta de su comportamiento, que tiene que acatar las órdenes y trabajar en equipo.” Convencida de su resolución y con nuevas energías, se dispuso a salir para reunir a su compañía entera y hacer algunos entrenamientos y reforzar así un poco su autoridad.
En el momento en el que iba a abandonar la celda, entró Kiel. Ariel le miró a los ojos, decidida a hacerlo. Intentó modular su voz para que sonara firme, pero no represiva.
-Te estaba buscando. Quiero decirt...
Kiel se acercó a ella, le dió un beso en la mejilla y susurró:
-Siento lo de antes.
Ariel se quedó congelada, completamente sorprendida y ligeramente ruborizada mientras Kiel salía de la celda. “¿ Por qué el... Qué...?” Se sentó en el suelo, hasta que sus piernas dejaran de temblar. Escuchó como fuera había dejado de llover, por ahora.
Después del embarazoso momento de la gruta, dudaba de su capacidad de liderazgo y su confianza en sí misma. “¿Qué clase de miguelita soy si me dejo llevar por mis impulsos?”
Kiel... Kiel el atrevido, valiente, arrojado, astuto, sagaz, hábil e inteligente urielita. Por un momento, Ariel dejó de vituperarse para pensar en él. “Es tan irritante, parece que le encanta hacerme rabiar. La próxima vez que lo vea le diré que estoy harta de su comportamiento, que tiene que acatar las órdenes y trabajar en equipo.” Convencida de su resolución y con nuevas energías, se dispuso a salir para reunir a su compañía entera y hacer algunos entrenamientos y reforzar así un poco su autoridad.
En el momento en el que iba a abandonar la celda, entró Kiel. Ariel le miró a los ojos, decidida a hacerlo. Intentó modular su voz para que sonara firme, pero no represiva.
-Te estaba buscando. Quiero decirt...
Kiel se acercó a ella, le dió un beso en la mejilla y susurró:
-Siento lo de antes.
Ariel se quedó congelada, completamente sorprendida y ligeramente ruborizada mientras Kiel salía de la celda. “¿ Por qué el... Qué...?” Se sentó en el suelo, hasta que sus piernas dejaran de temblar. Escuchó como fuera había dejado de llover, por ahora.
sábado, 22 de mayo de 2010
La nacional
Me quedé mirando el motor humeante como si supiera algo de coches. Mi Land Rover Santana del 81 me acaba de dejar tirado en algún lugar de este páramo amarillo, y no parecía que fuera a salir de esta. Pasé la mano por el capó “Son ya muchos años”
El sol pegaba fuerte, porque aunque el verano tarde en llegar a esta seca meseta, llega con ganas. Bebí un poco del agua que llevaba en el coche; puaj, estaba tibia.
Como no, mi móvil no tenía cobertura. Me senté en el quitamiedos, esperando por si pasaba alguien. Era poco probable, apenas había encontrado a nadie durante el viaje.
Después de un par de horas de desesperación, al fin apareció alguien en aquella maldita nacional. Era un coche gris, viejo y sucio. Tan sucio que tal vez era de otro color. Se paró lentamente detrás de mi coche y salió su conductor. Cuarenta y tantos, medio calvo, bajito y gordo, llevando un bigote como si estuviéramos en 1974.
-¿Tiene algún problema? ¿El coche le ha dejado tirado?
-Pues me temo que sí y no entiendo nada de coches.
Ver a un ser humano era reconfortante, aunque fuera éste.
-Déjeme ver, a ver si podemos hacer algo- dijo mientras se remangaba su camisa en otro tiempo blanca, ahora ligeramente amarilla con finas rayas rojas.
Se puso delante del motor y empezó al cacharrear en él. Yo, al lado, miraba interesando, a ver si se me pegaba algo.
-Y dígame, si no le importa que pregunte, ¿de dónde es usted? Es que con las nuevas matrículas estas europeas ya no se sabe de dónde es la gente.
-Soy de Valencia, he venido a ver a unos familiares que suelo ver poco.
-Ah, con este sol, echará de menos la playa- me dijo en tono jovial.
-Ya lo creo que sí. Por cierto, me llamo Ángel.
-Yo soy Primitivo, encantado. Bueno, esto ya está. Le servirá para llegar hasta un taller y allí que se lo arreglen de verdad, no esta chapuza que he hecho yo ahora.
-Le estoy muy agradecido, no sé qué hubiera hecho si no hubiera aparecido usted.
-Pues no le voy a negar que no haya tenido suerte. De vez en cuando veo algún coche lleno de portugueses o peor aún, de moros.
De pronto, la situación se volvió tensa, o al menos así lo sentí yo. “Vamos, improvisa algo, sal del paso y despídete de este amable racista” Me dije a mí mismo.
-Sí, que mal está el mundo...- “¿Eso es todo lo que se te ocurre?”
-Y España, peor. Bueno, no quiero hablar de política, que me enciendo.
-¡Bueno, que tenga un buen viaje, y gracias otra vez!- no podía dejar de pensar en huir de esta incómoda situación corriendo hacia el coche y perdiéndome en el horizonte.
-¡Igualmente!- se subió a su coche (no sin dificultad) y arrancó. Cuando pasó a mi lado escuché que tenía puestas coplas en el radio-casette.
Casi cuando ya no lo veía, puse las llaves en el contacto. “La España profunda ataca de nuevo” me dije “nada mejor para sentirse como en casa.”
El sol pegaba fuerte, porque aunque el verano tarde en llegar a esta seca meseta, llega con ganas. Bebí un poco del agua que llevaba en el coche; puaj, estaba tibia.
Como no, mi móvil no tenía cobertura. Me senté en el quitamiedos, esperando por si pasaba alguien. Era poco probable, apenas había encontrado a nadie durante el viaje.
Después de un par de horas de desesperación, al fin apareció alguien en aquella maldita nacional. Era un coche gris, viejo y sucio. Tan sucio que tal vez era de otro color. Se paró lentamente detrás de mi coche y salió su conductor. Cuarenta y tantos, medio calvo, bajito y gordo, llevando un bigote como si estuviéramos en 1974.
-¿Tiene algún problema? ¿El coche le ha dejado tirado?
-Pues me temo que sí y no entiendo nada de coches.
Ver a un ser humano era reconfortante, aunque fuera éste.
-Déjeme ver, a ver si podemos hacer algo- dijo mientras se remangaba su camisa en otro tiempo blanca, ahora ligeramente amarilla con finas rayas rojas.
Se puso delante del motor y empezó al cacharrear en él. Yo, al lado, miraba interesando, a ver si se me pegaba algo.
-Y dígame, si no le importa que pregunte, ¿de dónde es usted? Es que con las nuevas matrículas estas europeas ya no se sabe de dónde es la gente.
-Soy de Valencia, he venido a ver a unos familiares que suelo ver poco.
-Ah, con este sol, echará de menos la playa- me dijo en tono jovial.
-Ya lo creo que sí. Por cierto, me llamo Ángel.
-Yo soy Primitivo, encantado. Bueno, esto ya está. Le servirá para llegar hasta un taller y allí que se lo arreglen de verdad, no esta chapuza que he hecho yo ahora.
-Le estoy muy agradecido, no sé qué hubiera hecho si no hubiera aparecido usted.
-Pues no le voy a negar que no haya tenido suerte. De vez en cuando veo algún coche lleno de portugueses o peor aún, de moros.
De pronto, la situación se volvió tensa, o al menos así lo sentí yo. “Vamos, improvisa algo, sal del paso y despídete de este amable racista” Me dije a mí mismo.
-Sí, que mal está el mundo...- “¿Eso es todo lo que se te ocurre?”
-Y España, peor. Bueno, no quiero hablar de política, que me enciendo.
-¡Bueno, que tenga un buen viaje, y gracias otra vez!- no podía dejar de pensar en huir de esta incómoda situación corriendo hacia el coche y perdiéndome en el horizonte.
-¡Igualmente!- se subió a su coche (no sin dificultad) y arrancó. Cuando pasó a mi lado escuché que tenía puestas coplas en el radio-casette.
Casi cuando ya no lo veía, puse las llaves en el contacto. “La España profunda ataca de nuevo” me dije “nada mejor para sentirse como en casa.”
martes, 11 de mayo de 2010
Cachos de tierra
A la gente le gustan los pedazos de tierra. Algunos hasta los aman. Los hay incluso que matan por ellos. Se empeñan en decir que esa parcela de tierra es suya y de nadie más. Lo que les diferencia sólo es el cacho de tierra que consideran propio. Los hay que les gustan grandes, y otros los prefieren pequeños.
Dibujan líneas imaginarias que separan unos trozos de otros. Quieren toda la tierra que se extiende hasta la línea, pero ni un centímetro más. De hecho, si naces a un lado de la línea serás de una manera, y si naces al otro lado, de otra. Algunos, para que la línea se marque bien, construyen muros y vallas y ponen vigilantes con cara de pocos amigos en ellas.
Sin embargo, la cultura, el idioma, la gente, siempre acaba traspasando esas líneas y mezclándose unos con otros.
Porque las patrias son sólo cachos de tierra, las banderas trozos de tela y las fronteras líneas imaginarias.
Dibujan líneas imaginarias que separan unos trozos de otros. Quieren toda la tierra que se extiende hasta la línea, pero ni un centímetro más. De hecho, si naces a un lado de la línea serás de una manera, y si naces al otro lado, de otra. Algunos, para que la línea se marque bien, construyen muros y vallas y ponen vigilantes con cara de pocos amigos en ellas.
Sin embargo, la cultura, el idioma, la gente, siempre acaba traspasando esas líneas y mezclándose unos con otros.
Porque las patrias son sólo cachos de tierra, las banderas trozos de tela y las fronteras líneas imaginarias.
domingo, 9 de mayo de 2010
Nathan
"Vas a confesar Nathan"
El agente Topolsky le miraba severamente al otro lado de la mesa de la sala de interrogatorios.
"Eres un terrorista, Nathan, tenemos pruebas. Simplemente dilo y haznos más fácil todo esto"
Nathan, vestido con una camisa blanca y pantalones negros le miraba con cara divertida, lo que hacía enfurecer al agente del FBI. Sin embargo, el temple de este a lo largo de los años se había perfeccionado de tal modo, que toda su rabia sólo se manifestaba en un ligero (casi imperceptible) levantamiento del labio superior.
Nathan sí lo notó. "No tenéis nada. No soy un terrorista, sólo he escrito lo que pensaba"
"Te podemos relacionar con gente sospechosa e incluso sabemos que has estado en reuniones con ellos"
"¿Es que en este país se ha perdido la libertad de expresión y reunión? ¿O es que lo que escribo es incómodo para algunos? Lo que daría por ser ellos; si algo de lo que leo no me gusta, suelto a los perros"
Topolsky le miró a los ojos durante unos segundos. Por el auricular, su compañero le había dicho que tenían que soltarle, al menos por ahora.
"Vale Nathan, puedes irte. Pero te estaremos vigilando" Topolsky se levantó y señaló con la cabeza hacia la puerta.
"¿Es que alguna vez habéis dejado de hacerlo?" Se levantó sin esperar respuesta, cogió su americana negra de la silla y se dirigió hacia la puerta.
"Agente Topolsky, una última cosa" se dio la vuelta y se puso frente a él. "Escribiré lo que piense, no me importa a quién pueda escocerle."
"Esto te traerá problemas" la voz de Topolsky sonaba más a consejo paternal que a amenaza.
"Probablemente" dijo Nathan saliendo de la sala de interrogatorios.
El agente Topolsky le miraba severamente al otro lado de la mesa de la sala de interrogatorios.
"Eres un terrorista, Nathan, tenemos pruebas. Simplemente dilo y haznos más fácil todo esto"
Nathan, vestido con una camisa blanca y pantalones negros le miraba con cara divertida, lo que hacía enfurecer al agente del FBI. Sin embargo, el temple de este a lo largo de los años se había perfeccionado de tal modo, que toda su rabia sólo se manifestaba en un ligero (casi imperceptible) levantamiento del labio superior.
Nathan sí lo notó. "No tenéis nada. No soy un terrorista, sólo he escrito lo que pensaba"
"Te podemos relacionar con gente sospechosa e incluso sabemos que has estado en reuniones con ellos"
"¿Es que en este país se ha perdido la libertad de expresión y reunión? ¿O es que lo que escribo es incómodo para algunos? Lo que daría por ser ellos; si algo de lo que leo no me gusta, suelto a los perros"
Topolsky le miró a los ojos durante unos segundos. Por el auricular, su compañero le había dicho que tenían que soltarle, al menos por ahora.
"Vale Nathan, puedes irte. Pero te estaremos vigilando" Topolsky se levantó y señaló con la cabeza hacia la puerta.
"¿Es que alguna vez habéis dejado de hacerlo?" Se levantó sin esperar respuesta, cogió su americana negra de la silla y se dirigió hacia la puerta.
"Agente Topolsky, una última cosa" se dio la vuelta y se puso frente a él. "Escribiré lo que piense, no me importa a quién pueda escocerle."
"Esto te traerá problemas" la voz de Topolsky sonaba más a consejo paternal que a amenaza.
"Probablemente" dijo Nathan saliendo de la sala de interrogatorios.
Dado por muerto
Todos habían sido dados por muertos, nadie podía confiar en que hubiera supervivientes. Tampoco había nadie para buscarlos, ni siquiera para darles la bienvenida. Lo único de lo que se podían fiar era de la gente que estuviera a tu lado, cubriéndote las espaldas. Esos compañeros lo eran todo. Esos pequeños grupos de personas aun no infectadas habían desarrollado principios parecidos a los que hay entre algunos cuerpos militares: nunca se deja a nadie atrás.
Vivir un día más era la única meta a largo plazo, y pensar más allá de mañana era descorazonador, así que simplemente no se pensaba. Mantener las armas a punto, tener comida y un lugar para dormir era suficiente para llenar las mentes aterrorizadas de esas personas. La confianza en otro ser humano, otrora algo raro y difícil de conseguir, era la norma. Confianza vital y ciega ante la expectativa de una muerte segura.
Fuera del grupo, no había nada; ni familia, ni amigos, ni conocidos. Tu compañero se convertía en tu hermano y su vida se convertía en tu vida.
Todo lo demás, había sido dado por muerto.
PD: el Left 4 Dead mola inconmensurablemente.
Vivir un día más era la única meta a largo plazo, y pensar más allá de mañana era descorazonador, así que simplemente no se pensaba. Mantener las armas a punto, tener comida y un lugar para dormir era suficiente para llenar las mentes aterrorizadas de esas personas. La confianza en otro ser humano, otrora algo raro y difícil de conseguir, era la norma. Confianza vital y ciega ante la expectativa de una muerte segura.
Fuera del grupo, no había nada; ni familia, ni amigos, ni conocidos. Tu compañero se convertía en tu hermano y su vida se convertía en tu vida.
Todo lo demás, había sido dado por muerto.
PD: el Left 4 Dead mola inconmensurablemente.
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