domingo, 21 de noviembre de 2010

El Réquiem (V)

El gangrel miró a su alrededor asustado y furioso. Hacía ya dos noche que le perseguían y empezaba a estar cansado. Le gustaría tener un cara a cara con sus perseguidores, entonces recibirían su merecido. Olió algo en el aire, además del fuerte olor a gasoil: gente. Cruzó las vías hacia el otro extremo de la estación, en la zona más oscura. De lejos se oyó como ladraban los perros de la policía. Se metió debajo de un vagón y observó a los policías y sobre todo, a los perros. Miró sus ojos durante poco más de un segundo, y en ese momento se calmaron, dejaron de ladrar y de seguir el rastro. Los policías parecían extrañados; estúpidos mortales, los vástagos eran los auténticos amos de los animales.

Cada noche, todos los condenados salimos a las calles de la ciudad a bailar nuestro particular réquiem, cada uno a nuestra forma, pero todos con el mismo ritmo, el mismo tiempo haciendo tic tac, en un reloj inmenso encima de nosotros. ¿Y cuando den las campanadas finales? ¿Que ocurrirá en esa noche con nuestro réquiem? Bailando una danza macabra paso todas las noches.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El Réquiem (IV)

Un personaje vestido completamente de negro atravesó la calle rápidamente. Debía darse prisa si no quería llegar tarde al Teatro dell’Opera, hoy actuaba una de las mejores sopranos de toda la historia: Mirella Freni. Era un vástago, como ella, y admiraba su voz, le hacía sentirse bien en esta eternidad de aburrimiento. Maldecía la condena, pero a la vez le gustaba. Le encantaba dedicarse a todo lo que le gustaba cuando estaba viva: la ópera, el teatro, la música. No tenía que trabajar ni que preocuparse por nada, ¿nada? Llegaba un poco tarde, eso es motivo de preocupación. Pero no era culpa suya, sino del inútil de su chofer, que se había puesto enfermo ese día y no podía llevarla. Su abrigo negro ondeaba debido al paso rápido. Los zapatos de tacón resonaban por la calle y el aire frío acariciaba su vestido y su collar de plata. Pasó delante de un escaparate en la via Cernaia, estaba ya muy cerca de la ópera. Pasó delante de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, y pasó algo que nunca había visto antes. Si no fuera porque lo creía imposible, vio un ángel. Lo vio ascender desde la basílica hacia el cielo nocturno para después desaparecer. Su visión causaba una mezcla extraña de sentimientos, entre ellos la esperanza y el miedo. Su piel brillaba y sus alas blancas relucían en mitad de la noche. Tenía el aspecto de un chico muy joven, o puede que fuera una chica. ¿Era real? ¿Era realmente un ángel, una alucinación o algún tipo de criatura de la noche que se hacía pasar por ángel? Los minutos pasaban, mientras ella seguía mirando al cielo. Ya no llegaba a la ópera, pero le daba igual.

No se cuál es el sentido de nuestra existencia, si es que lo hay. Algunos nos llaman Condenados, dicen que debemos arrepentirnos, otros dicen que debemos aceptar lo que somos, otros dicen que sólo debemos ser nosotros, sin que nadie te diga lo que tienes que ser. No estoy seguro de nada, ni se a quien creer. No se si mañana Dios enviará a sus hordas contra nosotros o si acabaremos auto-aniquilándonos o si los mortales nos destruirán. Puede que un poco de todo. Y noche tras noche, tras hacernos las preguntas, salimos a por sangre fresca. En ese sentido, estamos aquí para hacer sufrir a los que nos rodean.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El Réquiem (III)

‘’Yo era un gran oficial. Mariscal de campo, ni más ni menos. 2 cruces de hierro, y muchas otras condecoraciones. Yo era un militar, nada más. Pero cuando la guerra acabó los malditos aliados se tiraron sobre nosotros como si fuéramos los culpables de todo el asunto aquel de los nazis. Los militares aliados, cobardes, nos impusieron su ‘’justicia’’ y entonces haber sido un gran militar se convirtió en una vergüenza. Cómo odio a esos hipócritas estadounidenses… y a los ingleses, y a los franceses… Y justo en aquel momento, cuando creí que mi vida estaba acabada, me abrazaron. No voy a decir que me encante, pero al menos estaré aquí para ver como esos arrogantes estadounidenses se caen de su bonito pedestal… tiempo al tiempo, camaradas…’’

Esta ciudad acoge a personajes de lo más pintorescos, humanos y vampiros. A veces parece que todo es una ilusión, en la que se mezcla pasado, presente y futuro. Un sueño extraño en el que nada tiene sentido y por eso tiene un sentido bizarro y absurdo. Cada uno libra su propia batalla contra los demás, ¿Y son nuestras batallas batallas a su vez de otro Vástago más poderoso? ¿Somos libres? Las apariencias engañan en esta ciudad.

domingo, 14 de noviembre de 2010

El Réquiem (II)

Los pasos resonaban en los pasillos de la galería. A izquierda y derecha dejaba atrás las salas llenas de esculturas y mosaicos romanos, legado maravilloso de una civilización culta y cruel. Llegó hasta la ventana del final del pasillo y observó la ciudad. Podían distinguirse todas las cúpulas que sobresalían del resto de edificios: San Pedro, San Carlo al Corso… y las otras maravillas arquitectónicas que adornaban la panorámica. Tantos años y aun no se había cansado de mirar embelesado Roma. Su maestro le esperaba, y no podía demorarse más. Saltó desde la ventana varios pisos más abajo y aterrizó con la agilidad de un gato. Atravesó un jardín con senderos empedrados y llegó hasta la majestuosa puerta. Introdujo su vieja llave y abrió con un pequeño chirrido.
-Al fin estas aquí. ¿Lo conseguiste?
-Si, mi maestro. Han reforzado la seguridad, pero sigue siendo un juego de niños.
-Excelente…-el maestro miró con sus ojos muertos bien abiertos el antiguo manuscrito antes de abrirlo.-Por cierto, mi aprendiz, poco me queda ya que enseñarte.
-No, mi maestro, aun tengo mucho camino que seguir.
-Un maestro sabe cuando el aprendizaje de su pupilo ha terminado. Debemos preparar una ceremonia de graduación. Vas a ser uno de los mejores Dragones que han existido nunca.-dijo el maestro mientras abría lentamente el manuscrito. Sus ojos lo recorrieron intensamente y pronto una sonrisa pícara se dibujo en su rostro.

Según escuché una vez a un francés: "Roma es el perfecto ejemplo de cómo caen los imperios". Todas las naciones europeas han tenido su auge y su caída, pero Roma es la más espectacular. Aun así, esconde en sus entrañas gran parte de su grandeza y cultura antiguas, mucho más de lo que los mortales creen.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El Réquiem

Roma. Invierno 2007.

La ciudad está en silencio, sólo se oyen unos lejanos coches, puede que un camión. La noche es realmente oscura y… acogedora. Hay un niño tirado en el asfalto. Sangra, sangra tanto que ha formado un pequeño charco. No se mueve. De pronto, aparece un todoterreno en la calle, negro, grande, amenazador. Para delante del chico y la puerta del copiloto se abre. Aparece un hombre encorvado, de ropa sucia y bata raída, con poco pelo, gris y alborotado.
-Umm- examina al chico- creo que estamos cerca. Esas marcas parecen hechas por garras de protean.
-Perfecto-se oye una voz desde el coche- sube, tenemos un avistamiento cerca de Roma Termini.
El coche abandona la calle por el extremo opuesto y desaparece dejando allí al niño en el frío y áspero asfalto.

Roma tiene sus vicios y sus virtudes, como toda ciudad. El caso es que no se vive mal, opinan muchos vampiros.

El club estaba lleno hasta arriba, como casi todos los días. Siempre había gente suficiente para llenarlo, cualquier noche de cualquier día. Las luces parpadeantes mostraban a la gente como en gigantes fotografías, una cada segundo. Entre la oscuridad y la gente se movía una pareja.
-¡¿A dónde me llevas?!-preguntó la chica a voces para poder hacerse oír a su acompañante.
-¡A un lugar más… privado!
-¡Pero yo quiero seguir bailando!
-¡Ya verás como el sitio que yo digo te va a gustar más!
El acompañante abrió una puerta prácticamente escondida en la pared y la traspasó mientras seguía cogido de la mano de la chica. Allí había unas escaleras que conducían hacia arriba, sólo iluminadas por unas bandas azules en los bordes. Tras un tramo corto, llegaron a otra puerta. Tras ella había una habitación verde, con sillones rojos con aspecto de suaves. Se oía la música de la discoteca muy atenuada.
-¿Me has sacado del club para traerme aquí?-dijo la chica mientras miraba asqueada la habitación.
-Es donde me gusta relajarme, y eso es lo que deberías hacer tú ahora.
-Ni hablar, no he salido para estar en una habitación cutre contigo.
-Mujer… no te pongas así- el acompañante le miró a los ojos- tienes que tranquilizarte.
La chica se calmó al instante y su acompañante la sentó en un de los sillones.
El la beso en el cuello. Y del beso pasó al mordisco.

La comida es fácil y discreta. La policía y los cargos públicos son sobornables. La mafia es un buen instrumento. Y el príncipe es más pecador que cualquiera de los demás vampiros. La Sagrada Iglesia está infestada de Vástagos y el Círculo de la Bruja alza sus cánticos en el extrarradio de la ciudad. Los dragones ansían el poder en las calles, los museos, las bibliotecas y las galerías de arte. Los cartianos imparten su visión cada noche, en búsqueda del derrocamiento del Invictus, y este, a su vez, reafirma su poder y financia sus guerras y las de los Santificados con el dinero negro. Es una ciudad extraña, hermosa y horrible, iluminada y decrépita, monumental y enfermiza. ¿Sabes? Me gusta esta ciudad. Al fin y al cabo, es la ciudad eterna ¿No?

domingo, 7 de noviembre de 2010

Séptimo capítulo. La huida.

Sin pensarlo, sin razonarlo, Sam salió de su apartamento, con el dispositivo en la mano. Lo volvió a mirar:
“Están delante de tu edificio, cogiendo las armas que tienen guardadas en el coche. Sube al piso de arriba”
Sam, taquicárdico e hiperventilando, subió las escaleras en una exhalación, y esperó. A los pocos minutos los dos matones volvieron, echaron la puerta abajo y entraron en el apartamento de Sam. Este aprovechó para bajar a toda velocidad hasta el portal. Sin ni siquiera saber a dónde estaba yendo, Sam corrió calle abajo hasta que se quedó sin aliento. Sacar el dispositivo en público le parecía poco discreto, así que se puso los auriculares inalámbricos. Como se esperaba, se conectaron con el dispositivo de inmediato. Escucho la suave voz de una mujer que le decía “Tranquilo Sam, los has perdido, pero aléjate de las calles principales”. Sam se sorprendió, había dado por supuesto que el dispositivo tendría voz de hombre. Intentó comunicarse por el mediante el micrófono de sus auriculares: “¿Cómo saben que te tengo?”
“Lo descubrieron cuando me encendiste, sin embargo, he detenido el rastreo.”
“¿Por qué me ayudas?”
“Porque es la única manera de ayudarme a mí misma. Ahora date prisa, ve a Necro Corporation, estoy allí.”

lunes, 25 de octubre de 2010

¿Quién copia a quién ahora?

Hace unos dias Apple presentó en una de sus keynotes los cambios que tendrá su sistema operativo de escritorio. Básicamente se redujo a una cosa: llevar el aspecto de iOS a Mac OS. ¿Qué fin puede tener dar el aspecto del iPad a un iMac? Un iMac táctil. Pero en Apple son inteligentes y saben que sacarlo ahora mismo sería un desastre, por lo que van ha hacer una época de transición; Primero conseguir la interfaz, luego hacer el ordenador.
Pero una cosa que resulta curiosa es que casi todos los cambios del nuevo Lion (Que así se llamará) es que Linux los tenía ya. Ya, ya se que estas pensando que yo, como siempre, voy a decir que Linux es la ostia, y que lo demás caca y que si no piensas como yo eres un hereje que debe ser quemado en una pila de CDs. Pero no, esta vez sólo voy a resaltar que tanto las aplicaciones en pantalla completa, como el Launchpad, como las ventanas agrupdas y especialmente la Mac App Store ya existían en Linux, algunas de ellas desde tiempo inmemoriales que se pierden en la oscuridad del recuerdo.
Las diferencias entre Ubuntu Unity y Mac OS X Lion son pocas, a excepción de que Ubuntu Unity lo puedes tener ya (y gratis) y Lion saldrá el verano que viene.
Cosas del software libre.

lunes, 4 de octubre de 2010

Todavía sin título

Eran altas horas de la madrugada delante de un papel en blanco. Horas de mínima creatividad y máxima frustración, que casi resbalaban por sus brazos y se desparramaban por la mesa, dejándola pegajosa.
Podía haber silencio o podía oírse música pero siempre con el mismo resultado; el papel seguía en blanco, sin solución. Aquella hoja blanca se extendía por toda la habitación y se adhería a cualquier superficie haciendo que todo pareciera monótono y muerto.
Abrir las ventanas sólo sirvió para que el frío del exterior entrara y lo inerte fuera más presente. Intentó dormir, pero todo seguía en blanco y además las sábanas de papel son incómodas y se rasgan con facilidad.
Finalmente, tras la agonía de la noche llegó el día y con él el sol. Pero su luz sólo hizo que el papel pareciera más blanco.
Así que simplemente hizo una bola con aquella maldita hoja y la arrojó a una esquina de su habitación mientras salía de allí.

sábado, 11 de septiembre de 2010

MuggenChock

Miré con extrañeza a mi alrededor. Un bosque, al parecer. No recordaba nada, pero al menos iba vestido como en el último recuerdo que tenía; estaba saliendo de la tienda de comestibles -la única tienda que vendía alimentos en todo el pueblo y como es normal tenía unos precios abusivos, algo que ya le había granjeado a su dueño serias trifulcas cuando salía de su establecimiento- después de comprar pan y huevos. Me examiné: no había rastro del pan y de los huevos, lo cual era una verdadera contrariedad, ya con sin esos huevos, mi ansiada tortilla era poco probable que se hiciera cierta. A no ser...
Un ruido me sacó de mis maquinaciones. Escuché con más atención. Miré hacia arriba, de donde provenía el ruido y descubrí que había empezado a llover. Sin embargo, el bosque era tan frondoso que esas primeras gotas apenas llegaban al suelo donde me encontraba.

Sin pensarlo demasiado comencé a caminar entre la vegetación en una dirección aleatoria, pues al no saber dónde me encontraba la dirección cardinal era irrelevante. Al poco rato encontré una carretera. Era una estrecha lengua de asfalto surcada por una única línea amarilla. La lluvia iba en aumento y empezaba a mojarme. No me gusta estar vestido y mojado. Decidí caminar por el arcén intentando no mojarme mucho más, pero la tormenta estaba en mi contra.

Mientras el agua empapaba mi pelo, que se organizaba en mechones gruesos en mi frente pensé en quién podría haberme hecho esto. Porque tenía que haber sido alguien, supongo. O podría haberme intoxicado con algo que había comido -como los MuggenChock, unos cereales de chocolate y musgo muy de mi gusto- y que en plena alucinación habría caminado hasta aquí, para luego tener amnesia retrógrada. Desde luego, era plausible. Y ahora que estaba aquí, en mitad del bosque, con la lluvia pensé en quedarme allí. Vivir como antaño. No tener que conducir, ver la televisión o saludar a la gente.

Tras un periodo de tiempo indeterminado, más de lo que dura un capítulo largo en televisión pero menos que una tarde, vislumbré a lo lejos el cartel de bienvenida a mi pueblecito. Otra contrariedad. La idea de vivir salvajemente era muy tentadora. Tal vez otro bol de MuggenChock podría ayudarme a dar el último paso...

lunes, 30 de agosto de 2010

A un gran amigo

Como dicen los marines de EEUU:
Semper fidelis