miércoles, 8 de noviembre de 2017

No estoy triste

No estoy triste. Es un sentimiento melancólico, tal vez por haber estado hoy en el Paseo de los melancólicos, literalmente. Tal vez es aún más literal y se trate de la melancolía griega, del acúmulo de humor negro dentro de mí.
Después de once años de preparación uno espera ir a lo grande. Cuando un tercio de tu vida se ha dedicado a recorrer este camino no esperas ser el limpiador de los demás. Me enseñaron a ser orgulloso, a levantar el mentón y defender cuando pensaba que tenía razón; la satisfacción de tener razón hasta alcanzar grados algo bochornosos es mía, cierto. Pero cuando la tienes, cuando llevas razón... ¡Bang! Y se lo deseas estampar a esa compañera de trabajo ¿Dónde está tu gallardonaría ahora? ¿Dónde está tu mirada de desprecio? ¿Dónde están tus preguntas absurdas? ¡Sepsis respiratoria!¡Boom! ¿Quién iba a decirlo? ¡Yo, joder, yo! Claro que lo dije ¡En tu cara! Seré el limpiafondos de esta ciudad pero el diagnóstico no me lo quita nadie.
Pequeñas y absurdas victorias intimas y personales que me ayudan a llevar el día a día.

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