sábado, 14 de junio de 2014

La tormenta que no existe

Escribo sobre mares en donde me gustaría estar y sobre calles por las que paso todos los días. Intento plasmar lo que siento o lo que me hacen sentir, de una manera burda, torpe y siempre a medias. No soy tan bueno como para transmitir el torbellino de emociones que me va de la nuca a las manos cuando conduzco y suena Mighty Micro People de Amon Tobin. Ni la serenidad extraña que me provoca el viento en mi piso, que mueve los estores y los hace chocar contra las ventanas y me recuerda al ruido que hacen los cabos sobre los mástiles de los veleros.
A veces creo estar en un barco en mitad de la tormenta. A veces hago algo para contrarrestar lo que ocurre a mi alredor, otras veces sólo espero a que pase y en ocasiones no hago nada en absoluto.
Pero no es un barco ni hay tormenta; es mi vida y se está acabando minuto a minuto mientras yo estoy aquí, mirando un mar que no existe.

lunes, 19 de mayo de 2014

Echo de menos el desierto

Echo de menos el desierto, ese desierto beige y terroso salpicado de plantas oscuras, rastreras y polvorientas de tallos duros y poco delicados. También los interminables limoneros que se extienden hasta alguna pequeña loma donde crece un pequeño pino retorcido. La lluvia que cae muy de cuando en cuando moja brevemente el suelo cuarteado y termina seguramente en algún pozo subterráneo fresco y desconocido.
El sol parece allí quemar más que en el resto del país, como si en lugar de darte una suave caricia su luz te mordiera la piel. El aire caliente sumerje todo el ambiente en un líquido pegajoso en el que cuesta respirar.
Y por fin, el mar; el desierto se acerca al agua salada y tranquila del Mediterráneo. La ocasional sombra de alguna palmera y el viento fresco y húmedo dan una pequeña tregua.

domingo, 20 de abril de 2014

La teoría de la relatividad de las rosas

Mientras corría vi una rosa roja en un rosal y al fondo aquel edificio gris y feo en el que me fijo siempre. El contraste era bonito, más bonito que la rosa en si.
Relatividad, supongo.

lunes, 24 de marzo de 2014

Nunca he visto el océano, no como éste

Me adentré en el océano y nadé sin parar, sin pensar. Mis músculos comenzaron a arder y a quejarse pero yo sólo les pedí que siguieran adelante, hacia el horizonte, un horizonte azul en el que la línea entre el cielo y el agua se borraba lentamente mientras pasaban las horas. Al mismo tiempo debajo de mi la oscuridad me observaba en silencio.
Cuando no pude más paré; mirando atrás ya no veía la costa, una observación banal y superflua, pues me daba igual. Mi piel se helaba poco a poco con la inactividad de mi cuerpo mientras las olas me mecían elevándome y descendiéndome de forma tan suave que parecía a propósito.
Estaba lejos de todo y entonces me hundí. Y la oscuridad me aceptó, en silencio.

miércoles, 29 de enero de 2014

Ocurre todos los días

Aminoré el paso mientras iba por la calle cuando vi el atardecer al sobrepasar el enorme edificio, mostrándose ante mi. Casi me quedé parado mirándolo. Nadie más parecía verlo. El cielo estaba lleno de pequeñas nubes blancas y grises que se teñían de rojo mientras que el disco solar brillaba apagado tras otra nube en el horizonte. El resto de viandantes pasaba de largo, sin percatarse de ello. Tuve ganas de sentarme y pasar allí el tiempo que quedara de luz, dejando que el espectáculo natural que ocurre todos los días se desarrollara frente a mí. 
Me gustan las nubes.

domingo, 19 de enero de 2014

Llevar siempre encima los auriculares "por si acaso"

Caminado por la calle a veces me siento más ligero, como si una burbuja dentro de mi pecho me elevara. En otras ocasiones los pies se me vuelven de cemento y me cuesta dar cada paso. Cada cambio de canción en el móvil hace que mi percepción del mundo cambie, que me encuentre en mitad de un película de espías o a punto de ver al amor de mi vida.
Mi día a día tiene banda sonora y ocupa más de 23 Gb de espacio.

martes, 5 de noviembre de 2013

En la carretera

Los faros iluminando el asfalto a unos pocos metros de mí. Delante, sólo el brillo suave de las señales reflectantes, pocas y dispersas. A mi alrededor la oscuridad más inmensa. Dentro de mí pensaba que el único sitio en el que me encuentro a gusto de verdad es la carretera. Una carretera eterna que no se repite nunca, que siempre cambia, un cielo nocturno que me ofrece todas sus estrellas o que me mira con sombrías nubes que nada reflejan.

Parado en mitad de ningún sitio, en la nada, en el limbo entre lugares que la gente sí recuerda, con la puerta abierta, sentado en el asiento del conductor, comiendo y bebiendo algo para despejarme y seguir con los kilómetros y kilómetros que me separan de un destino al que no quiero llegar. He llegado a disfrutar tanto del camino que me desagrada el destino, o así al menos es como me gusta verlo. Porque la otra manera de verlo es reconocer que tal vez me guste huir, y que por eso me siento tan bien en la carretera, lejos de todos y de todo, lejos de la responsabilidad y del tener que pensar o decidir. Sólo hay que seguir la autovía, sin cuestionarla, sin pedirle cuentas, sin hacer preguntas incómodas. “¿Qué hay más allá?” podría preguntarle.  “Más asfalto” me respondería. Y me parecería bien. ¿Cómo no va a parecerme bien? Simplemente sigue, acelera, frena, gira, otras horas más de viaje, de coche y de cafeína. Pero al final, siempre, llego al destino. Un momento abrupto, disruptivo. De pronto apagas el motor y todo se termina. Sales del coche y lo dejas atrás como si no te importara. Pero no es cierto, echas una mirada atrás, añorando los momentos en los que estuviste con él ahí fuera, en la carretera.

En donde menos solo me siento es en donde más solo estoy.


domingo, 15 de septiembre de 2013

España es Cataluña

En el título he invertido la frase habitual que se suele decir a los independentistas. Y lo he hecho de forma consciente, porque creo que representa mucho mejor lo que es este país. Y es que si Cataluña se independizara, a lo que quedara no se le podría llamar España, porque no lo sería. Sería otra cosa, un nuevo ente. Porque España no se entiende sin Cataluña.
Y es que tenemos esa suerte. La suerte de ser un mosaico, un mezcla rica de cultura, historia, idiomas y puntos de vista. España no es un región, ni una zona ni un llano en el que todo es siempre igual, no es una piel de toro. Es un rosetón.
Este país tiene muchas cosas feas y muchas cosas malas. Pero para unas cuantas buenas que tiene, no lo jodamos. Desconfía de todo aquel que intente hacerte ver las cosas que nos diferencian, en lugar de las que nos unen.
España es Barcelona. España es Cádiz. España es Donostia. España es Salamanca. España es el levante y es el Cantábrico. España es pa amb tomàquet con tomates de murcia y aceite de la mancha con una loncha de jamón extremeño. Es la lluvia constante en Santiago y el desierto de Almería. La meseta y la costa. Gran Canaria y Zaragoza.
Todos además tenemos una cosa en común: clase política corrupta.

domingo, 18 de agosto de 2013

Plaza de España

Estoy esperando que ocurra algo pero no se el qué.
Como si ese algo le fuera a dar sentido a todo, fuera hacerme avanzar y cada día dejara de ser una repetición del anterior.

sábado, 20 de julio de 2013

Megan

Estoy algo obsesionado con esta foto