La importancia de los símbolos. Es sólo un día más, pero todo el mundo lo considera una fecha especial. La adición de un número más importante del año.
Un cambio de dígito que hace que la gente tenga nuevos propósitos para incumplir en los 365 días siguientes.
jueves, 31 de diciembre de 2009
martes, 29 de diciembre de 2009
Carl ¿Qué hace un humano muerto en casa?
Es un día de ese tipo. Del tipo "le acuchillé 37 veces en el pecho y me comí sus manos". Tal vez podría haber sido de otra manera. Podría haber sido bonito e incluso elegante. Pero no. Todo se llenó de sangre y hubo policía y un viejo raro que farfullaba.
Todo esto venía sólo por una cosa. Chupar enchufes no es bueno, pero es una alternativa barata a la silla eléctrica. Te levantas y ves como al cerdo se le están derritiendo los ojos; sus dulces, dulces jugos oculares se desparraman por la mesa mientras tu sólo miras sin hacer nada.
No hay invierno, ya es demasiado tarde. La humanidad ya está jodida mucho antes de que pasara lo de los bebés. El dinero, siempre el puto dinero. Bancos que caen bien y empresas amigas, demonios vestidos con sus mejores galas que hacen danzar (bailad, mis marionetas, bailad!) a los consumidores hasta los infiernos de la destrucción.
No habrá sitio para los cyborgs, nos habremos extinguido antes de crearlos.
Todo esto venía sólo por una cosa. Chupar enchufes no es bueno, pero es una alternativa barata a la silla eléctrica. Te levantas y ves como al cerdo se le están derritiendo los ojos; sus dulces, dulces jugos oculares se desparraman por la mesa mientras tu sólo miras sin hacer nada.
No hay invierno, ya es demasiado tarde. La humanidad ya está jodida mucho antes de que pasara lo de los bebés. El dinero, siempre el puto dinero. Bancos que caen bien y empresas amigas, demonios vestidos con sus mejores galas que hacen danzar (bailad, mis marionetas, bailad!) a los consumidores hasta los infiernos de la destrucción.
No habrá sitio para los cyborgs, nos habremos extinguido antes de crearlos.
martes, 22 de diciembre de 2009
Liberty City
Era 2001, la gente se emocionaba con Internet y con los prímeros móviles con pantalla de color. Era la utopía cumplida, era finalmente, el paraíso que no merecíamos vivir, el sueño por el que tantas y tantas empresas habían luchado. El capitalismo, victorioso se dejaba ver en todo su esplendor y le alabábamos. Las mejoras de la tecnología sólo podían conducir a llevar la buena vida a todo el planeta, un planeta bien compartimentalizado y ordenado.
Pero no fue así. Los hubo que no querían ser aislados, los hubo que no querían consumir, los hubo que no querían ser alienados, los hubo que sólo supieron matar.
En definitiva, los bonitos años 90 y el final del siglo XX sólo fueron un espejismo provocado por la negación de ver la realidad.
Pero no fue así. Los hubo que no querían ser aislados, los hubo que no querían consumir, los hubo que no querían ser alienados, los hubo que sólo supieron matar.
En definitiva, los bonitos años 90 y el final del siglo XX sólo fueron un espejismo provocado por la negación de ver la realidad.
sábado, 19 de diciembre de 2009
El estudiante
Por si no lo sabíais, los estudiantes de medicina molamos. Para la gente, especialmente entre la gente mayor y en el hospital (y más aun si coinciden ambas cosas), somos jóvenes, encantadores, trabajadores, responsables, de confianza, buenos chicos en definitiva. Sin embargo, al convertirnos finalmente en médicos somos unos matasanos-comete-negligencias-que-no-queremos-trabajar-y-dejaríamos-morir-a-un-niño-sólo-por-pereza. Curiosamente, cuando somos estudiantes no tenemos ni idea de lo que tendríamos que hacer con un paciente real, al contrario que cuando finalmente somos médicos.
Pero es que cuando somos estudiantes, aún les parecemos inocentes.
Pues a mi los inocentes me parecen ellos.
Pero es que cuando somos estudiantes, aún les parecemos inocentes.
Pues a mi los inocentes me parecen ellos.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Arreglando cosas
He soñado que arreglaba cosas. Algo usual en mí, es algo que se me ha dado bien siempre. Romperlas también, pero normalmente arreglo cosas. Será por eso que me gusta la medicina, no sé. De hecho a veces tengo que arreglar cosas que yo mismo he roto, pero eso es una historia diferente, una historia a lo Michael Bay con explosiones y helicópteros a ras de suelo. No, la historia de hoy es sólo de arreglar cosas que no funcionan bien. Básicamente es algo así como lo que le pasa a Jack, de Perdidos, pero yo no soy tan idiota como él (al menos no del mismo modo), o como el Sr Lobo, que soluciona problemas, pero no problemas tan turbios como los suyos. Aunque ni siquiera soy muy manitas en cosas de casa estilo grifos o hacer una mesa. De hecho, si miro a mi alrededor hay pocas cosas que haya arreglado... pero lo que hago lo hago bien. O al menos me salió bien las veces que lo he hecho.
En el sueño lo había conseguido, y como siempre, me sentía bien después de arreglarlo. En la realidad, cuando me desperté (once horas más tarde) seguí ahí, roto.
***
No podía dormir. Tenía insomnio. La falta de sueño le estaba llevando a hacer cosas raras. A las 7 de la mañana estaba en la cocina, y empezó a lanzar mantequilla a sus vecinos a través del patio de luces. Como los pegotes de mantequilla eran muy grandes, la mayoría no llegan a su objetivo y caían al suelo del patio, en donde un ejercito de hormigas salidas de ninguna parte daban cuenta de la comida, sin embargo al hacerlo corrían el riesgo de morir bajo un pegote de mantequilla, así que se escogió a un grupo de voluntarios, al más puro estilo de Chernobyl para llevar a cabo la recolección. Como el gobierno de las hormigas es un tanto... autoritario, a los “voluntarios” no se les decía que podían morir, y bueno, tampoco eran voluntarios de verdad, como en Chernobyl.
A las 10 de la noche estaba haciendo bailes extraños en su habitación y unos vecinos mayores le miraban, medio escondidos tras la cortina y musitaban que los jóvenes de hoy en día son de lo peor Antonio de lo peor, míralo ahí, sin vergüenza ninguna, eso es lo que es, un sinvergüenza, seguro que es un loco de esos con katana. Más tarde, golpeó un vaso y pisó los cristales, así que se decidió a ir al hospital. Allí conoció a la enfermera que le amaba, la que le daba pastillas, pero para los demás, era una enfermera. Volvió a casa curado, preparado para seguir sus absurdas fechorías, hasta que le entrara sueño de nuevo.
En el sueño lo había conseguido, y como siempre, me sentía bien después de arreglarlo. En la realidad, cuando me desperté (once horas más tarde) seguí ahí, roto.
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No podía dormir. Tenía insomnio. La falta de sueño le estaba llevando a hacer cosas raras. A las 7 de la mañana estaba en la cocina, y empezó a lanzar mantequilla a sus vecinos a través del patio de luces. Como los pegotes de mantequilla eran muy grandes, la mayoría no llegan a su objetivo y caían al suelo del patio, en donde un ejercito de hormigas salidas de ninguna parte daban cuenta de la comida, sin embargo al hacerlo corrían el riesgo de morir bajo un pegote de mantequilla, así que se escogió a un grupo de voluntarios, al más puro estilo de Chernobyl para llevar a cabo la recolección. Como el gobierno de las hormigas es un tanto... autoritario, a los “voluntarios” no se les decía que podían morir, y bueno, tampoco eran voluntarios de verdad, como en Chernobyl.
A las 10 de la noche estaba haciendo bailes extraños en su habitación y unos vecinos mayores le miraban, medio escondidos tras la cortina y musitaban que los jóvenes de hoy en día son de lo peor Antonio de lo peor, míralo ahí, sin vergüenza ninguna, eso es lo que es, un sinvergüenza, seguro que es un loco de esos con katana. Más tarde, golpeó un vaso y pisó los cristales, así que se decidió a ir al hospital. Allí conoció a la enfermera que le amaba, la que le daba pastillas, pero para los demás, era una enfermera. Volvió a casa curado, preparado para seguir sus absurdas fechorías, hasta que le entrara sueño de nuevo.
sábado, 12 de diciembre de 2009
I can still remember how that music used to make me smile.
Anoche la niebla cubría la ciudad, dándole el aspecto perfecto para cualquier historia de misterio u horror. Hoy el sol entra cálidamente por mi ventana, mientras suena música de 1970.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Cuarto capítulo. La papelera
Sam se dejaba guiar por la agradable voz femenina del geolocalizador. Como una madre que guía a su hijo le fue conduciendo por las calles hasta una papelera. Ahí dentro, entre la basura, había un móvil. Su diseño exterior era austero, una delgada lámina negra agradable al tacto que era muy cómoda de coger con una mano. Pesaba poco, pero parecía muy resistente.
Le encantaba la sensación de haber encontrado algo perdido, escondido entre las basuras de la ciudad, un objeto tan especial (y posiblemente caro) abandonado donde se tira lo que ya no vale nada. De vuelta a casa miró con más detenimiento su descubrimiento. No tenía botones, y aparentemente, tampoco pantalla. En cuanto puso un dedo sobre la superficie esta creó una onda y apareció la pantalla: el dispositivo entero era una pantalla. Sam lo encontró extremadamente bonito y curioso.
Sin embargo un escalofrío le recorrió la espalda cuando noto el móvil latir.
Le encantaba la sensación de haber encontrado algo perdido, escondido entre las basuras de la ciudad, un objeto tan especial (y posiblemente caro) abandonado donde se tira lo que ya no vale nada. De vuelta a casa miró con más detenimiento su descubrimiento. No tenía botones, y aparentemente, tampoco pantalla. En cuanto puso un dedo sobre la superficie esta creó una onda y apareció la pantalla: el dispositivo entero era una pantalla. Sam lo encontró extremadamente bonito y curioso.
Sin embargo un escalofrío le recorrió la espalda cuando noto el móvil latir.
martes, 8 de diciembre de 2009
lunes, 7 de diciembre de 2009
Calles oscuras
Esta ciudad es de las pocas que se puede apreciar de noche, con sus antiguas calles de piedra vacías y fantasmales. La única compañera de mi paseo era mi música, que sonaba clara y limpia. La ciudad es preciosa a estas horas, con sus majestuosos edificios solitarios aguantando el viento y la lluvia como lo han hecho siempre.
Tienes que estar ahí para admirar la belleza triste que envuelve todo el paseo, y sobrecogerte ante la futilidad del mundo.
Aquí las noches son noches de verdad.
Tienes que estar ahí para admirar la belleza triste que envuelve todo el paseo, y sobrecogerte ante la futilidad del mundo.
Aquí las noches son noches de verdad.
sábado, 5 de diciembre de 2009
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