domingo, 8 de marzo de 2015

La maratón de los 100 metros lisos

El atleta miró a su entrenador confuso
- ¿Me tengo que entrenar para la maratón y para los 100 metros lisos? ¿A la vez? Eso es imposible
- Aun no sabemos en qué carrera vas a competir, por lo que lo más seguro es tirar por en medio y prepararte para todo.
Le dolían los músculos sólo de pensarlo
- ¿Cómo lo haré?
- Lo haremos de la siguiente manera, escucha- siempre que usaba el plural, el atleta no podía evitar pensar "Di lo que quieras, pero el que va a vomitar de extenuación soy yo"- Vamos a correr los 100, cuatro o cinco veces, y después 42 km. ¿Qué te parece? Si todos los días llevamos el mismo ritmo, estaremos listo para lo que sea.
- ¡Pero moriremos en el intento!
- No hombre, morirás en el intento.

PD: Atención Primaria y Urgencias como una misma especialidad, ilustrado.

Los últimos días del verano (III)

- ¿Cómo estás? -aunque sonaba alegre, la experiencia de tantos años de amistad con él le decía que había un tinte de preocupación sincera.
- Bien, de veras -la experiencia funcionaba en ambos sentidos, por lo que su amigo supo que la entonación despreocupada era sólo fachada.- Salgo a la calle, voy al parque, estoy pensando en hacer un viaje... Pero no estoy seguro de si podré.
- ¿Por la niña, no?
- La quiero con locura, pero es una carga muy pesada. No quería decir "carga", quiero decir "responsabilidad". No quiero que suene como si fuera un incordio.
- No, si ya se que eres feliz con ella. Y va a estar siempre contigo, eso seguro.
Hubo una pausa. La línea telefónica se quedó en silencio durante uno o dos segundos, que parecieron más.
- Se que piensas que me vuelco demasiado en ella pero es todo lo que me queda de ella.
- Un doloroso recuerdo que camina y habla
- Que poético eres a veces.

domingo, 15 de febrero de 2015

La consulta 7

Cansado, prácticamente exhausto, apretó el botón del megáfono.
- Yersinio Sanchez, pase a la consulta siete.
Unos segundos después apareció por la puerta de la susodicha consulta un señor de unos 70 y tantos años -que él sabía que tenía 73 porque tenía delante su historial médico, pero si no, como nosotros, habría dicho que rondaba los 70, porque Yersinio era de esas personas que aparentan su edad, no como otras que son sumamente engañosas- con una jovialidad que contrastaba con la hora de la noche -las dos y media de la madrugada- y con el cansancio del joven médico.
Yersinio pensó que el médico debía rondar los veintitantos a lo sumo, claro que Yersinio siempre tiraba a la baja la edad de la gente en puestos de responsabilidad; era un señor al que le agradaba que esa clase de puestos -médico, abogado, político...- estuvieran ocupados por gente con canas, unas cuantas arrugas y exceso de grasa abdominal, aunque no lo sabía de forma consciente.
El médico comenzó con sus palabras habituales, su rutina con todos los pacientes:
- Sientese, por favor, Yersinio -y esperaba a que tomara asiento. Una vez ahí, pasaba a la siguiente frase automática.- Dígame ¿Que le ocurre?
Ese era un momento crítico, el médico lo sabía por experiencia; si el paciente iba directo al problema, todo iría bien, suave y preciso. Si por el contrario el paciente empezaba su relato refiriéndose a operaciones quirúrgicas, ingresos hospitalarios o visitas a urgencias datados de varios lustros atrás, la cosa no iba a ser tan fluida y por supuesto nada de coser y cantar -aunque tanto al médico como para mí, eso de coser y cantar no suena nada fácil teniendo en cuenta el nulo entrenamiento que poseemos en ambos campos-.
- Pues mire doctor -dijo Yersinio mientras rebuscaba en la carpeta que había traído, repleta de papeles viejos, algunos doblados, otros del revés- en el 92 me operó aquí el doctor Ramírez, no se si lo conocerá...
El largo y a veces tedioso camino de la anamnesis se acababa de hacer más largo, irregular, tortuoso e intrincado. El médico pensaba en ello mientras sonreía y negaba con la cabeza conocer a un tipo que seguramente se jubiló años antes de que el entrara en la facultad. Iba a ser una noche muy larga, una vez más.

lunes, 22 de diciembre de 2014

En la oscuridad

"The only thing that burns in hell
Is the part of you that won't let go of your life
Your memories, your attachments"

A node glows in the dark. Brian Yen. Ganadora del National Geographic Photo Contest 2014

No he podido resistirme a esta foto, a esa luz y a esos gestos. Siempre me ha importado mucho la luz.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Rebuscando en /documentos

He estado mirando entre escritos antiguos, trozos de Word guardados en una carpeta en la que hacía mucho, mucho tiempo que no entraba. Me gustan esos recuerdos que como pisadas en la nieve nos dicen de donde venimos y que permiten a otros entender por qué estamos donde estamos.
Hay recuerdos de los que estoy orgulloso, que me enternecen, que me hacen revivir esos sentimientos tan intensos y otros que querría borrar, con los que cargo a veces.
Como la niña del relato anterior, que es el bagaje emocional del personaje y le impide avanzar, le hace vivir una y otra vez en un pasado que fue, pero ya no es.
Estoy tomando medidas. Eso suena muy fuerte. Estoy teniendo cuidado. Eso suena mejor. Estoy teniendo cuidado de no volver a llevarme cosas que me desagradan, a saber: culpas, remordimientos, miedos, reproches, arrepentimientos, odios... y esa sensación de ser un monstruo, de ser un rey Midas que convierte todo lo que toca en ceniza. Pero no lo estoy haciendo tirando esos recuerdos y viviendo la vida como un psicópata, no. Estoy intentando hacer las cosas bien.
Quién me ha visto y quién me ve. Debo tener un parásito cerebral o similar. O tal vez es todo una ilusión y cuando dentro de 8 años lea esto, piense lo mismo que he pensado hoy.

martes, 30 de septiembre de 2014

Los últimos días del verano (II)

Nos sentamos en un banco, cerca de árbol tan grande que debía estar allí antes de la guerra.
Me hizo por enésima vez la misma pregunta, para la que ya me costaba encontrar respuestas sin sonar excesivamente repetitivo ni recurrir a excusas religiosas.
- ¿Dónde está mamá?
- Simplemente, ya no está.
- ¿A dónde se ha ido?
Sabía que su cerebro no era lo suficientemente maduro como para entender la idea de la muerte, pero lo seguía intentando.
- Todo ser vivo, como aquel señor de allí y su perro, este árbol o tu y yo, habrá un día que dejemos de estar vivos, que ya no estemos.
Se quedó pensativa. Para mi suerte, empezó a llover, con grandes gotas frías que se estrellaban contra el suelo. Abrí el paraguas y le di la mano.
- Lo entenderás cuando seas mayor, mi vida. Vamos a casa.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Los últimos días del verano (I)

Me la llevé al parque. Estaba tan ilusionada que no paraba de mirarme con esos ojos inmensos, casi sin parpadear. Su mirada, vivaz y expectante, me seguía fascinando. Cuando llegamos la llevé de la mano cerca del estanque, en donde la fuente estaba encendida. Alrededor la gente paseaba a sus perros bien cuidados, y soplaba una brisa suave que nos recordaba el final de la estación y mecía algunos de sus mechones sueltos.
-¿Te gusta?- le pregunté sabiendo la respuesta.
Me sonrió con esa sonrisa suya contagiosa y alegre.
-No solía estar encendida cuando veniamos tu madre y yo.- le dije intentando ocultar la melancolía en mi voz.

Elegimos uno de los caminos al azar y comenzanos a caminar, a veces de la mano, a veces ella correteaba delante de mí, o se agachaba para ver una hoja en en suelo que le llamaba la atención o se acercaba a alguno de los perros. Disfrutaba viéndola explorar el mundo, descubriendo nuevas formas, colores, sonidos... Me sentía culpable por no poder acopañarla en ese viaje, pero aun me sentía responsable por el accidente de su madre y cada segundo con ella era un recuerdo vivo de sus ojos, de su gesto, de lo que la hacía única y especial.

martes, 16 de septiembre de 2014

Echoes of past events, nudge the tiller on my present course. I await its reflection in the future.

El título es una nota, en forma de poema, que deja Scorcher en el capítulo "Hitman" de Hora de Aventuras, que se podría traducir por algo así como: Los ecos del pasado mueven el timón de mi presente rumbo. Espero sus reflejos en el futuro.
No queda claro si es una referencia al posible pago en el futuro de sus servicios, o si se trata de algo más profundo, una reflexión sobre lo determinados que estamos en el presente por nuestro pasado y de cómo ello condiciona nuestro futuro.
No estoy especialmente inspirado, por lo que no divagaré aquí por miedo a escribir algo de lo que pueda avergonzarme más tarde, pero si que quería pensar en letra escrita sobre esa frase que me ha llegado de sopetón mientras cenaba en un día que no ha existido y que olvidaré, por completo, mañana.

lunes, 1 de septiembre de 2014

El sonido de la ciudad

Se sentó -más bien se dejó caer- en la silla que le iba a permitir ver bien la Gran Vía, los edificios, el tráfico y el atardecer. Otros días le habría interesado más la gente que pasaba por la calle, pero hoy no. Su interés habitual por las personas se basaba más en la observación que en la interacción, pero incluso eso había disminuido en las últimas semanas. Las dos chicas de la mesa a su derecha hablaban muy alto sobre lo que le pareció chorradas, aunque apenas llegó a escuchar nada porque se puso el auricular derecho para evitar el parloteo, mientras su oído izquierdo aun podía captar los motores, las sirenas, el bullicio.
Cada vez que pasaba una ambulancia con la sirena puesta se imaginaba en ella, como llevaba años haciendo.
Cuando terminó su té, se fue. Las dos chicas seguían allí, siendo un obstáculo para su salida. Recordó la última vez que la gente de la calle, como ahora, se habían convertido en manchas borrosas. No eran recuerdos agradables.
Ni correr, ni sudar hasta que empapó la camiseta le ayudaron a no pensar, hasta que estuvo tan exhausto que su cerebro simplemente dejó las tareas complejas a un lado y se dedicó sólo a lo más básico, sobrevivir.

viernes, 29 de agosto de 2014

Dándole la espalda a lo trascendente

Me he dado la vuelta, no quiero verlo. Me centro en las cosas que ocurren a mi alrededor, pequeñas, diminutas, del día a día. Como el náufrago que para evitar perder la cabeza sobrevive cada nuevo amacer planeando su siguiente paso sin meditar sobre la muerte a corto-medio plazo ya que le están buscando en las coordenadas equivocadas del Pacífico.
Las cosas ocurren a mi alrededor como si no tuvieran que ver conmigo, aunque sí sea así. Me veo en mitad de un camino rodeado de árboles mientras el viento levanta las hojas secas. La mayoría vuelan lejos de mí y las que me tocan no producen efecto alguno.
De la misma manera, escribir aquí se ha convertido en una manera de hablar a solas, de balbucear más bien, porque tengo la sensación de que cada vez escribo peor. El otro día pasé por una carretera que era exactamente igual a la que imaginé para la entrada de "La nacional". Por muy bien que me sienta físicamente, el ser consciente de que sería incapaz de volver a escribir algo como eso provocó una necrosis masiva dentro de mi cuerpo.