sábado, 26 de septiembre de 2015
viernes, 14 de agosto de 2015
Esa mirada
Hoy he visto en el metro a una niña, sus grandes ojos marrones y su mirada inteligente me cautivaron desde el primer momento. Me robaron toda atención a su alrededor, como un agujero negro, la luz se curvaba hacia aquella mirada, vivaz y atenta. Y me di cuenta de por qué me llamaba tanto; me recordaba a ti. Esa mirada de la que me enamoré.
jueves, 6 de agosto de 2015
Dedicado a AG
Tres largas semanas de sufrimiento. Tres semanas en las que te vi morir. Cuando ingresaste nuestros fríos cálculos te daban una mortalidad del 78%. Te juro que luchamos por ese 22%. Pero no fue suficiente; unas veces mejor y otras veces peor, no conseguías salir de tu estado crítico, hasta que un día, de pronto y por sorpresa, se acabó todo.
Fracasamos. Pero no en la UCI. Fracasamos todos por no haberte ayudado en su momento, cuando empezaste con la depresión y el alcohol. ¿Dónde estábamos entonces? ¿Dónde estaban todos esos médicos, enfermeros, auxiliares, aparatos y fármacos? ¿Dónde estaban todos esos medios cuando vivías en la calle?
Todos los días aparecía alguien para verte. Iban cambiando; un voluntario de una ONG, la enfermera de tu centro de salud, un amigo... Todos se preocupaban por ti, y ellos, como nosotros, tampoco pudieron salvarte.
Tu muerte no fue en vano, te lo prometo. Me enseñaste más de lo que podía imaginar, aunque estuvieras inconsciente. Además de los aspectos puramente técnicos, me dejaste aún más claro que la verdadera diferencia entre la vida y la muerte ocurre en la calle, en el día a día.
Descansa. Sólo espero que ese dolor que intentaste ahogar en la bebida haya desaparecido.
Fracasamos. Pero no en la UCI. Fracasamos todos por no haberte ayudado en su momento, cuando empezaste con la depresión y el alcohol. ¿Dónde estábamos entonces? ¿Dónde estaban todos esos médicos, enfermeros, auxiliares, aparatos y fármacos? ¿Dónde estaban todos esos medios cuando vivías en la calle?
Todos los días aparecía alguien para verte. Iban cambiando; un voluntario de una ONG, la enfermera de tu centro de salud, un amigo... Todos se preocupaban por ti, y ellos, como nosotros, tampoco pudieron salvarte.
Tu muerte no fue en vano, te lo prometo. Me enseñaste más de lo que podía imaginar, aunque estuvieras inconsciente. Además de los aspectos puramente técnicos, me dejaste aún más claro que la verdadera diferencia entre la vida y la muerte ocurre en la calle, en el día a día.
Descansa. Sólo espero que ese dolor que intentaste ahogar en la bebida haya desaparecido.
domingo, 2 de agosto de 2015
Las nubes no son sólo bonitas de día
Tenía un aspecto surrealista, como si algo no estuviera en su sitio, no parecía una noche más.
Pero lo fue.
domingo, 26 de julio de 2015
jueves, 16 de julio de 2015
Pensamientos en metro, anotados sin cuidado
Siempre estoy falto de sueño. Sueño como proceso biológico, claro. Del otro tengo de sobra. Cuanto más sueño me falta, más pensamientos extraños se agolpan en mi cabeza, como si fueran pequeñas partículas de carbón golpeando una superficie metálica, lisa, con remaches aquí y allá. La vida la componen las cosas pequeñas, diminutas, que forman un gran todo en el que no me va lo bien que querría. Tal vez el problema son mis expectativas. Querer ver una nebulosa con mis propios ojos. Ver el polvo espacial brillar a la luz de mil soles. Descubrir algo genuinamente nuevo, que nadie antes supiera. Acostarme por la noche sin tener la sensación de que mis días sólo valen las 7 horas del hospital. Poder decirle a alguien como me siento realmente y que no piense que soy un dramático. Ah, es que soy un dramático! Me falta la conversación en verso.
¿Es pedir tanto?
¿Es pedir tanto?
lunes, 13 de julio de 2015
lunes, 6 de julio de 2015
Menos
Estoy en mitad de una tormenta que no me afecta, rodeado de gente que no me conoce, aunque creen conocerme. La lluvia convertida en rayos de sol cae a mi alrededor al igual que las estaciones de metro que pasan por delante de mí, sin tocarme. Hacer santo a un traidor. Son esas cosas propias de la cultura occidental, de esa cultura que nació en países que ahora mueren, que la hace distinta a las demás.
La luz se apaga poco a poco en mi apartamento, mientras el sol se retira una vez más y una vez menos. Cada vez queda menos.
La luz se apaga poco a poco en mi apartamento, mientras el sol se retira una vez más y una vez menos. Cada vez queda menos.
domingo, 5 de julio de 2015
Viejos hábitos
Hay cosas que no puedo evitar hacer cuando estoy en la calle. Fijarme en las ambulancias es una de ellas.
Creo que la foto no puede expresarlo mejor, así que no añadiré nada más con mi burda narrativa. Sólo podría repertirme en que me hundo en luz y urbe.
miércoles, 17 de junio de 2015
El día del Jucio Final
Acumulé todas las reservas de comida que pude. Latas, conservas, cereales, leche pasteurizada, pasta... Llenaban los armarios de la cocina hasta arriba. La satisfacción de poseer todos esos alimentos contrastaba bruscamente con su utilidad, con su fin último. Bajé todas las persianas, como si de un búnker se tratara. De hecho lo parecía por fuera. He visto unos cuantos búnkeres en mi corta vida, reflexioné. Siempre me gustó visitar las cicatrices que deja la guerra tras de sí. Incluso llegué a planificar un viaje por Europa sobre la Segunda Guerra Mundial. Qué infantil.
Por gusto, bajé los estores. No queda bien que se vean las persianas. Recogí algo el piso. Tampoco mucho, no tenía ganas, ni fuerza. El cansancio había ganado la batalla hacía tiempo, tampoco había peleado contra él. Lo dejé llenarme, inundarme por dentro, sin ofrecer resistencia. Y me llenó hasta arriba del todo, pasaba de la cama al sofá, o más bien, me arrastraba. No echaba de menos tener energía para hacer cosas. No había nada que quisiera hacer. Fuera divertido o no. Tumbarme, eso me apetecía. Y ahora podría hacerlo para el resto de la eternidad.
Suponiendo que el tiempo es infinito, nuestra existencia tiende a cero. Igual que si consideramos que el espacio es infinito, la masa tiende a cero. Pasamos toda la eternidad muertos o no natos.
No era el fin del mundo. Ningún asteroide iba a destruir la Tierra, ni aparecería ninguna raza extraterrestre dispuesta a exterminarnos. Ni siquiera se iban a abrir 7 sellos ni a sonar 7 trompetas. Nada de eso iba a ocurrir, la gente seguiría viviendo sus vidas, un día más. Incluso yo. No era un armaguedon personal; el instinto de supervivencia, amigo, le dije a mi reflejo en el espejo. No pareció entenderlo, pero es que mi reflejo es un poco lento. Más guapo, si, pero más tonto también. Lo entendería cuando al día siguiente, me volviera a ver, delante de él, a punto de comenzar un nuevo día, tras el día del Jucio Final de todos los días.
Por gusto, bajé los estores. No queda bien que se vean las persianas. Recogí algo el piso. Tampoco mucho, no tenía ganas, ni fuerza. El cansancio había ganado la batalla hacía tiempo, tampoco había peleado contra él. Lo dejé llenarme, inundarme por dentro, sin ofrecer resistencia. Y me llenó hasta arriba del todo, pasaba de la cama al sofá, o más bien, me arrastraba. No echaba de menos tener energía para hacer cosas. No había nada que quisiera hacer. Fuera divertido o no. Tumbarme, eso me apetecía. Y ahora podría hacerlo para el resto de la eternidad.
Suponiendo que el tiempo es infinito, nuestra existencia tiende a cero. Igual que si consideramos que el espacio es infinito, la masa tiende a cero. Pasamos toda la eternidad muertos o no natos.
No era el fin del mundo. Ningún asteroide iba a destruir la Tierra, ni aparecería ninguna raza extraterrestre dispuesta a exterminarnos. Ni siquiera se iban a abrir 7 sellos ni a sonar 7 trompetas. Nada de eso iba a ocurrir, la gente seguiría viviendo sus vidas, un día más. Incluso yo. No era un armaguedon personal; el instinto de supervivencia, amigo, le dije a mi reflejo en el espejo. No pareció entenderlo, pero es que mi reflejo es un poco lento. Más guapo, si, pero más tonto también. Lo entendería cuando al día siguiente, me volviera a ver, delante de él, a punto de comenzar un nuevo día, tras el día del Jucio Final de todos los días.
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