viernes, 29 de mayo de 2015

Una realidad alternativa

Vivo en una realidad alternativa. No se exactamente dónde está, al otro lado del espejo, dentro de las sombras o en las esquinas. Se a ciencia cierta que está ahí, aunque mis sentidos me engañen; el tiempo ya no es lo que era, se dilata y se contrae de forma anormal. Tan pronto ha pasado una tarde en un instante como puede hacer centurias que fue ayer. Acompañando al tiempo en ese extraño comportamiento está mi propio yo: la despersonalización de mi ser va en aumento a medida que camino. A veces, indudablemente debido a mi propia experiencia vital, siento que estoy viviendo un videojuego, y que desconectaré en cualquier momento. A diferencia de otras épocas de mi vida, sueño y realidad no están formando un todo. Dormir es un una pausa total, un agujero negro, del que me despierto igual que me acosté. La vigilia no tiene aspecto de sueño, sólo parece falsa. Tampoco me siento anestesiado: de hecho casi diría que estoy hiperestésico, hipersensible a la belleza, al dolor, a las pequeñas cosas y a las grandes cosas. Pero soy selectivo, mucho de lo que ocurre a mi alrededor me da igual. Mucho de lo que me dicen me da igual, absolutamente igual. No es que elija ignorarlo, es que ni siquiera podría darme cuenta de que existe.
Mucha palabrería para decir muy poco, me comento a mi mismo mirando el párrafo. Es el ruido de mi cabeza, tenía que sacarlo durante un rato. Volverá a llenarse, más tarde, sin embargo.

miércoles, 27 de mayo de 2015

A lo grande


Me hundo en luz y urbe

lunes, 18 de mayo de 2015

Me estoy perdiendo algo

Se seguro que no es el autobús.

domingo, 22 de marzo de 2015

Mi reino

La cama se había convertido en su reino, donde el era soberano sobre su único súbdito: él mismo.
No necesitaba nada más, ni quería nada más. Todo lo que alcanzaba con sus extremidades eran sus dominios, unos dominios blandos, cálidos y suaves, como la brisa de primavera de Levante. Tal vez por eso le gustaba tanto.
Fuera de esas fronteras estaban los enemigos, la tierra hostil, los reinos mezquinos y las responsabilidades, que le asediaban constantemente. El rey levantaba sus defensas se cojines, mantas y edredones, pero los asaltantes tenían a su favor el tiempo; tarde o temprano tendría que salir.
Pero por ahora no. Podía ser rey unas horas más.

domingo, 8 de marzo de 2015

La maratón de los 100 metros lisos

El atleta miró a su entrenador confuso
- ¿Me tengo que entrenar para la maratón y para los 100 metros lisos? ¿A la vez? Eso es imposible
- Aun no sabemos en qué carrera vas a competir, por lo que lo más seguro es tirar por en medio y prepararte para todo.
Le dolían los músculos sólo de pensarlo
- ¿Cómo lo haré?
- Lo haremos de la siguiente manera, escucha- siempre que usaba el plural, el atleta no podía evitar pensar "Di lo que quieras, pero el que va a vomitar de extenuación soy yo"- Vamos a correr los 100, cuatro o cinco veces, y después 42 km. ¿Qué te parece? Si todos los días llevamos el mismo ritmo, estaremos listo para lo que sea.
- ¡Pero moriremos en el intento!
- No hombre, morirás en el intento.

PD: Atención Primaria y Urgencias como una misma especialidad, ilustrado.

Los últimos días del verano (III)

- ¿Cómo estás? -aunque sonaba alegre, la experiencia de tantos años de amistad con él le decía que había un tinte de preocupación sincera.
- Bien, de veras -la experiencia funcionaba en ambos sentidos, por lo que su amigo supo que la entonación despreocupada era sólo fachada.- Salgo a la calle, voy al parque, estoy pensando en hacer un viaje... Pero no estoy seguro de si podré.
- ¿Por la niña, no?
- La quiero con locura, pero es una carga muy pesada. No quería decir "carga", quiero decir "responsabilidad". No quiero que suene como si fuera un incordio.
- No, si ya se que eres feliz con ella. Y va a estar siempre contigo, eso seguro.
Hubo una pausa. La línea telefónica se quedó en silencio durante uno o dos segundos, que parecieron más.
- Se que piensas que me vuelco demasiado en ella pero es todo lo que me queda de ella.
- Un doloroso recuerdo que camina y habla
- Que poético eres a veces.

domingo, 15 de febrero de 2015

La consulta 7

Cansado, prácticamente exhausto, apretó el botón del megáfono.
- Yersinio Sanchez, pase a la consulta siete.
Unos segundos después apareció por la puerta de la susodicha consulta un señor de unos 70 y tantos años -que él sabía que tenía 73 porque tenía delante su historial médico, pero si no, como nosotros, habría dicho que rondaba los 70, porque Yersinio era de esas personas que aparentan su edad, no como otras que son sumamente engañosas- con una jovialidad que contrastaba con la hora de la noche -las dos y media de la madrugada- y con el cansancio del joven médico.
Yersinio pensó que el médico debía rondar los veintitantos a lo sumo, claro que Yersinio siempre tiraba a la baja la edad de la gente en puestos de responsabilidad; era un señor al que le agradaba que esa clase de puestos -médico, abogado, político...- estuvieran ocupados por gente con canas, unas cuantas arrugas y exceso de grasa abdominal, aunque no lo sabía de forma consciente.
El médico comenzó con sus palabras habituales, su rutina con todos los pacientes:
- Sientese, por favor, Yersinio -y esperaba a que tomara asiento. Una vez ahí, pasaba a la siguiente frase automática.- Dígame ¿Que le ocurre?
Ese era un momento crítico, el médico lo sabía por experiencia; si el paciente iba directo al problema, todo iría bien, suave y preciso. Si por el contrario el paciente empezaba su relato refiriéndose a operaciones quirúrgicas, ingresos hospitalarios o visitas a urgencias datados de varios lustros atrás, la cosa no iba a ser tan fluida y por supuesto nada de coser y cantar -aunque tanto al médico como para mí, eso de coser y cantar no suena nada fácil teniendo en cuenta el nulo entrenamiento que poseemos en ambos campos-.
- Pues mire doctor -dijo Yersinio mientras rebuscaba en la carpeta que había traído, repleta de papeles viejos, algunos doblados, otros del revés- en el 92 me operó aquí el doctor Ramírez, no se si lo conocerá...
El largo y a veces tedioso camino de la anamnesis se acababa de hacer más largo, irregular, tortuoso e intrincado. El médico pensaba en ello mientras sonreía y negaba con la cabeza conocer a un tipo que seguramente se jubiló años antes de que el entrara en la facultad. Iba a ser una noche muy larga, una vez más.

lunes, 22 de diciembre de 2014

En la oscuridad

"The only thing that burns in hell
Is the part of you that won't let go of your life
Your memories, your attachments"

A node glows in the dark. Brian Yen. Ganadora del National Geographic Photo Contest 2014

No he podido resistirme a esta foto, a esa luz y a esos gestos. Siempre me ha importado mucho la luz.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Rebuscando en /documentos

He estado mirando entre escritos antiguos, trozos de Word guardados en una carpeta en la que hacía mucho, mucho tiempo que no entraba. Me gustan esos recuerdos que como pisadas en la nieve nos dicen de donde venimos y que permiten a otros entender por qué estamos donde estamos.
Hay recuerdos de los que estoy orgulloso, que me enternecen, que me hacen revivir esos sentimientos tan intensos y otros que querría borrar, con los que cargo a veces.
Como la niña del relato anterior, que es el bagaje emocional del personaje y le impide avanzar, le hace vivir una y otra vez en un pasado que fue, pero ya no es.
Estoy tomando medidas. Eso suena muy fuerte. Estoy teniendo cuidado. Eso suena mejor. Estoy teniendo cuidado de no volver a llevarme cosas que me desagradan, a saber: culpas, remordimientos, miedos, reproches, arrepentimientos, odios... y esa sensación de ser un monstruo, de ser un rey Midas que convierte todo lo que toca en ceniza. Pero no lo estoy haciendo tirando esos recuerdos y viviendo la vida como un psicópata, no. Estoy intentando hacer las cosas bien.
Quién me ha visto y quién me ve. Debo tener un parásito cerebral o similar. O tal vez es todo una ilusión y cuando dentro de 8 años lea esto, piense lo mismo que he pensado hoy.

martes, 30 de septiembre de 2014

Los últimos días del verano (II)

Nos sentamos en un banco, cerca de árbol tan grande que debía estar allí antes de la guerra.
Me hizo por enésima vez la misma pregunta, para la que ya me costaba encontrar respuestas sin sonar excesivamente repetitivo ni recurrir a excusas religiosas.
- ¿Dónde está mamá?
- Simplemente, ya no está.
- ¿A dónde se ha ido?
Sabía que su cerebro no era lo suficientemente maduro como para entender la idea de la muerte, pero lo seguía intentando.
- Todo ser vivo, como aquel señor de allí y su perro, este árbol o tu y yo, habrá un día que dejemos de estar vivos, que ya no estemos.
Se quedó pensativa. Para mi suerte, empezó a llover, con grandes gotas frías que se estrellaban contra el suelo. Abrí el paraguas y le di la mano.
- Lo entenderás cuando seas mayor, mi vida. Vamos a casa.