martes, 12 de junio de 2012
Descubrimiento de hoy, que llega para quedarse
Lo descubrí por el anuncio de la 1, pero la versión acústica es todavía mejor.
lunes, 11 de junio de 2012
Caminé hasta que la ciudad se acabó.
-¿Sabes lo que hay al final de la ciudad?
-¿Qué?
-Nada. No hay nada.
-¿Qué?
-Nada. No hay nada.
viernes, 1 de junio de 2012
Poner títulos no es mi fuerte, así que creo que lo llamaré de una manera aleatoria. Bah, paso de ponerle nombre
He llegado aquí tras dar unas vueltas por la Internet que conozco. He llegado aquí sin saber muy bien por qué o qué voy a hacer ahora que finalmente me he puesto a escribir. Supongo que desvariaré un rato, luego miraré el texto y como no tengo muchas ganas de hacer nada, lo publicaré. Si leéis esto, es que he decidido publicarlo.
De un tiempo para acá, escribo poco. Siempre lo he achacado a la carrera, pero mirando mi archivo, ahí a la derecha, abajo, creo que no es de verdad el motivo. Y es que cada vez escribo menos, y no es que cada vez tenga más carrera. Tal vez me estoy volviendo tonto. O tal vez me estoy dejando llevar por las modas de apartar los blogs para hacer cosas de consumo rápido. Puede que sea por eso que en lugar de escribir pongo vídeos o imágenes acompañados de unos tristes párrafos. Lo más probable es que sea un mezcla de todo.
Y es que estos días están siendo una mezcla de todo. Las cosas (así, en general) se han metido todas en la thermomix y el resultado es un tanto extraño. Sentimientos mezclados con recuerdos, con nostalgia, con nostalgia que sentiré en el futuro, con alegría, con cosas bizarras.
Espero seguir escribiendo aquí durante mucho tiempo. Lo necesito. Necesito una válvula de escape. Además me lo imagino de forma literal abriendo una válvula, probablemente en algún lugar de mi cuerpo, más o menos en las últimas costillas, en un lado, y saliendo de allí un vapor blanco que impregna la pantalla con letras. Algo así.
Espero ser médico y seguir escribiendo aquí lo que me apetezca, sin darle explicaciones a nadie, sólo por el gusto de escribir, de crear algo que aunque no sea original, nunca se haya escrito. Escribir historias sobre futuros semiapocalípticos en los que la gente malvive, historias sobre Engel, historias que no llevan a ninguna parte, tres líneas escasas sobre un momento en el que sentí algo que me gustaría guardar para recordar más tarde.
Esta noche hace mucho calor, sobre todo para estar aquí. Allí es lo normal. Hoy la ciudad se ha empeñado en hacerme sentir como si estuviera allí. Pero todavía no es mi momento. Todavía no, y aun quedan muchas cosas por hacer. Si muriera esta noche, lo que más me jodería sería las cosas que me quedan por hacer, asuntos pendientes. Así que me convertiría en un fantasma, según la cultura popular (¿Sabéis que hay gente que cree genuinamente en ellos?). Y vagaría de aquí para allá hasta que los hubiera resuelto, pero sería imposible porque sería un fantasma y por tanto, incorpóreo. Watsky dice que los fantasmas se deben sentir como si visitaran su antiguo instituto: todo les suena pero no reconocen a ninguno de los chavales nuevos. Y nos observan cómo fingimos que comprobamos nuestros móviles como si hiciéramos algo importante. Mientras, la economía de mi país va de mal en peor pero a mi me importa poco porque ya se que no me van a pagar. Me conformaré con que me dejen dormir en las camillas libres, me den de comer las sobras de las comidas de los pacientes y me paguen de vez en cuando en especias. "Tome, doctor, este paciente no se ha acabado los analgésicos, puede quedárselos" Y yo saltando de alegría. ¡Analgésicos! Eso si que tiene buena salida en el mercado negro, no como esas malditas pastillas para las enfermedades raras que nadie quiere nunca.
Y finalmente, sólo quiero escribir algo que me ronda la cabeza desde que lo leí el otro día y tengo que hacerlo público: en mi desodorante, el encabezado de la advertencia de seguridad en español es: "PRECAUCIONES DE EMPLEO" hasta ahí, todo bien. En inglés, en cambio, es: "SOLVENT ABUSE CAN KILL INSTANTLY. CAUTION." Cuando lo vi por primera vez me acojoné. Ahora tengo la sensación de que encima de mi mesa tengo un arma de destrucción masiva.
Vaya, la tontería me ha quedado larga. Si has llegado hasta aquí es que no tienes mejoras cosas que hacer, lo cual, perdóname que te diga, es un poco triste.
De un tiempo para acá, escribo poco. Siempre lo he achacado a la carrera, pero mirando mi archivo, ahí a la derecha, abajo, creo que no es de verdad el motivo. Y es que cada vez escribo menos, y no es que cada vez tenga más carrera. Tal vez me estoy volviendo tonto. O tal vez me estoy dejando llevar por las modas de apartar los blogs para hacer cosas de consumo rápido. Puede que sea por eso que en lugar de escribir pongo vídeos o imágenes acompañados de unos tristes párrafos. Lo más probable es que sea un mezcla de todo.
Y es que estos días están siendo una mezcla de todo. Las cosas (así, en general) se han metido todas en la thermomix y el resultado es un tanto extraño. Sentimientos mezclados con recuerdos, con nostalgia, con nostalgia que sentiré en el futuro, con alegría, con cosas bizarras.
Espero seguir escribiendo aquí durante mucho tiempo. Lo necesito. Necesito una válvula de escape. Además me lo imagino de forma literal abriendo una válvula, probablemente en algún lugar de mi cuerpo, más o menos en las últimas costillas, en un lado, y saliendo de allí un vapor blanco que impregna la pantalla con letras. Algo así.
Espero ser médico y seguir escribiendo aquí lo que me apetezca, sin darle explicaciones a nadie, sólo por el gusto de escribir, de crear algo que aunque no sea original, nunca se haya escrito. Escribir historias sobre futuros semiapocalípticos en los que la gente malvive, historias sobre Engel, historias que no llevan a ninguna parte, tres líneas escasas sobre un momento en el que sentí algo que me gustaría guardar para recordar más tarde.
Esta noche hace mucho calor, sobre todo para estar aquí. Allí es lo normal. Hoy la ciudad se ha empeñado en hacerme sentir como si estuviera allí. Pero todavía no es mi momento. Todavía no, y aun quedan muchas cosas por hacer. Si muriera esta noche, lo que más me jodería sería las cosas que me quedan por hacer, asuntos pendientes. Así que me convertiría en un fantasma, según la cultura popular (¿Sabéis que hay gente que cree genuinamente en ellos?). Y vagaría de aquí para allá hasta que los hubiera resuelto, pero sería imposible porque sería un fantasma y por tanto, incorpóreo. Watsky dice que los fantasmas se deben sentir como si visitaran su antiguo instituto: todo les suena pero no reconocen a ninguno de los chavales nuevos. Y nos observan cómo fingimos que comprobamos nuestros móviles como si hiciéramos algo importante. Mientras, la economía de mi país va de mal en peor pero a mi me importa poco porque ya se que no me van a pagar. Me conformaré con que me dejen dormir en las camillas libres, me den de comer las sobras de las comidas de los pacientes y me paguen de vez en cuando en especias. "Tome, doctor, este paciente no se ha acabado los analgésicos, puede quedárselos" Y yo saltando de alegría. ¡Analgésicos! Eso si que tiene buena salida en el mercado negro, no como esas malditas pastillas para las enfermedades raras que nadie quiere nunca.
Y finalmente, sólo quiero escribir algo que me ronda la cabeza desde que lo leí el otro día y tengo que hacerlo público: en mi desodorante, el encabezado de la advertencia de seguridad en español es: "PRECAUCIONES DE EMPLEO" hasta ahí, todo bien. En inglés, en cambio, es: "SOLVENT ABUSE CAN KILL INSTANTLY. CAUTION." Cuando lo vi por primera vez me acojoné. Ahora tengo la sensación de que encima de mi mesa tengo un arma de destrucción masiva.
Vaya, la tontería me ha quedado larga. Si has llegado hasta aquí es que no tienes mejoras cosas que hacer, lo cual, perdóname que te diga, es un poco triste.
lunes, 28 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
Estaba arrodillado sobre el asfalto y miraba como mis sueños, mis ilusiones, se me escapaban entre los dedos. Los dejaba ir, porque sabía que apretar los puños sólo empeoraría las cosas. Mientras iban desapareciendo, lloraba. Lloraba sobre ellos como tantas otras veces. Tantas otras veces en las que había sido yo el que los había destruido. Dentro de mí, mi parte más humana se iba con esos sueños, mientras que sólo quedaba el frío, la crueldad el vacío. Una cáscara vacía que se movía, caminaba e incluso bromeaba, pero que por dentro estaba muerta. Cada vez que algo volvía a bombear sangre a mis arterias, era más temprano que tarde, extraído de mí y caía sobre mis manos para sangrar mis sueños sobre el asfalto iluminado por una luz naranja.
Una y otra vez hasta que no quedó de mí nada más que dolor y vacío.
Una y otra vez hasta que no quedó de mí nada más que dolor y vacío.
lunes, 21 de mayo de 2012
Desaparecer
No se si lo he puesto alguna vez. Como cada vez escribo menos, esta vez dejo que otros lo hagan por mí.
Nota: mejor en pantalla completa y HD.
Nota: mejor en pantalla completa y HD.
viernes, 30 de marzo de 2012
Cáncer
Cuando la población de los países ricos empezó a ganar la batalla a las bacterias y los virus, según se fue haciendo más longeva, otras enfermedades se volvieron más importantes debido a la biología imperfecta de nuestro cuerpo.
El ser humano tiene dentro de sí una especie de cuenta atrás. Un temporizador que marca el momento en el que todos los sistemas de seguridad moleculares, genéticos, celulares e inmunitarios fallan y una célula, una única célula, comienza a duplicarse sin control. Una única célula de nuestro propio cuerpo que es capaz de destruirnos.
La manera habitual de tratarlo es sacándolo de nuestro cuerpo y atacando el mismo esperando que, al final, cuando el humo de la batalla se disipe, hayamos ganado.
El ser humano tiene dentro de sí una especie de cuenta atrás. Un temporizador que marca el momento en el que todos los sistemas de seguridad moleculares, genéticos, celulares e inmunitarios fallan y una célula, una única célula, comienza a duplicarse sin control. Una única célula de nuestro propio cuerpo que es capaz de destruirnos.
La manera habitual de tratarlo es sacándolo de nuestro cuerpo y atacando el mismo esperando que, al final, cuando el humo de la batalla se disipe, hayamos ganado.
Una casa
Imagino una casa con suelo de madera, los marcos de las ventanas son blancos. Está hecha de piedra y tiene un pequeño jardín detrás. No es muy grande, lo justo para que quepa lo que tengo y pueda mirar las nubes cuando me siento en el sofá del salón.
En el jardín hay un árbol al que he visto crecer. Y flores silvestres. En verano saco una silla y leo descalzo, con los pies en la hierba. Por las mañanas se oye a los pájaros piar.
Aunque nunca vaya a vivir en una casa así, siempre habrá un lugar como ese dentro de mí.
En el jardín hay un árbol al que he visto crecer. Y flores silvestres. En verano saco una silla y leo descalzo, con los pies en la hierba. Por las mañanas se oye a los pájaros piar.
Aunque nunca vaya a vivir en una casa así, siempre habrá un lugar como ese dentro de mí.
domingo, 18 de marzo de 2012
Vivian
Las olas rompían contra las rocas erosionando lentamente su superficie y haciendo que saltaran millones de pequeñas gotas de agua salada que se mezclaban con la fina lluvia que más que caer, flotaba en el aire.
Vivian se empapaba poco a poco, sin darse cuenta. Su pelo rojo y largo se oscurecía cuanto más se mojaba. Estaba absorta mirando las olas. Los otros chicos del pueblo solían reirse de ella por ese tipo de cosas. Podía pasarse horas mirando cómo las hojas de los árboles se movían con el viento o cómo las hormigas llevaban migas de un lugar a otro. Tampoco era consciente de los adultos que a cierta distancia estaban hablando sobre ella.
De pronto se dio cuenta de que su madre estaba a su lado, llorando en silencio. La cogió tiernamente de la mano, sin decir nada, y se la llevó a aquellos hombres extraños que acaban de llegar al pueblo.
Vivian no volvió a ver su pueblo natal, ni a sus padres, o al menos, no volvió a reconocerlos como tales. Pero aún miraba el mar como cuando era una niña.
Vivian se empapaba poco a poco, sin darse cuenta. Su pelo rojo y largo se oscurecía cuanto más se mojaba. Estaba absorta mirando las olas. Los otros chicos del pueblo solían reirse de ella por ese tipo de cosas. Podía pasarse horas mirando cómo las hojas de los árboles se movían con el viento o cómo las hormigas llevaban migas de un lugar a otro. Tampoco era consciente de los adultos que a cierta distancia estaban hablando sobre ella.
De pronto se dio cuenta de que su madre estaba a su lado, llorando en silencio. La cogió tiernamente de la mano, sin decir nada, y se la llevó a aquellos hombres extraños que acaban de llegar al pueblo.
Vivian no volvió a ver su pueblo natal, ni a sus padres, o al menos, no volvió a reconocerlos como tales. Pero aún miraba el mar como cuando era una niña.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Nada
Escribo poco porque hay poco que contar. O mejor dicho, porque quiero contar poco. Y aún así, este lugar público, este lugar que puede ser visto desde cualquier parte del mundo por cualquiera es más privado que otros muchos que tengo.
Últimamente tengo una pequeña crisis de privacidad. No se trata de lo que una empresa quiera saber de mí, sino lo que quieren saber de mí los que están a mi lado, aunque yo no quiera que estén ahí. Este último curso está siendo, de alguna manera, una agonía de cosas que se acaban pero no se terminan.
Después quedará un recuerdo vago que florecerá de vez en cuando en conversaciones, en fotos, en pequeños reencuentros, pero ya está, y sin embargo, quiero que se termine de una vez.
Claro que lo echaré de menos, pero ya he tenido suficiente. Eso sin contar la frustración. Pero con eso creo que tendré que vivir el resto de mi vida, a menos que las cosas cambien, lo cual es poco probable.
Últimamente tengo una pequeña crisis de privacidad. No se trata de lo que una empresa quiera saber de mí, sino lo que quieren saber de mí los que están a mi lado, aunque yo no quiera que estén ahí. Este último curso está siendo, de alguna manera, una agonía de cosas que se acaban pero no se terminan.
Después quedará un recuerdo vago que florecerá de vez en cuando en conversaciones, en fotos, en pequeños reencuentros, pero ya está, y sin embargo, quiero que se termine de una vez.
Claro que lo echaré de menos, pero ya he tenido suficiente. Eso sin contar la frustración. Pero con eso creo que tendré que vivir el resto de mi vida, a menos que las cosas cambien, lo cual es poco probable.
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