martes, 23 de diciembre de 2008

El mar, el inmenso y misterioso mar


Un día escuchó el mar, olió la sal y sintió la humedad. Nunca antes había conocido el mar. Y un día cualquiera lo descubrió; se extiende hasta donde alcanza la vista. Sus aguas bravas, temperamentales, esconden muchos misterios. Se necesitaría una vida para descubrirlos todos. Maravillado, se quedó observándolo durante horas.
Fue aquel día cuando el caminante dejó la costa para adentrarse en aquel oscuro, misterioso, tormentoso y hermoso mar.

sábado, 13 de diciembre de 2008

El monasterio

El silencio del claustro del monasterio era solo roto por el ruido de la lluvia que caía abundantemente sobre aquellos bosques. De fondo se escuchaban los truenos. Hacía ya años que nadie vivía allí, ni nadie paseaba por aquel claustro. Sin embargo, el estaba allí, mirando el arma distraídamente mientras pensaba en otra cosa.
Recordaba cuando consiguió ese arma. Llevaba varios días vagando por un bosque al norte, uno particularmente oscuro y silencioso. Un día vió a un mercader que intentaba hacer pasar su carro por uno de los estrechos y embarrados caminos que atravesaban la arboleda. Era un hombre joven y algo rechoncho. Parecía un tabernero. Mientras el pobre hombre intentaba sacar una de las ruedas de un charco de barro, el se deslizó hasta colocarse detrás de él. Hundió entero su cuchillo en la nuca de aquel desdichado, que cayó al suelo haciendo un gran ''chof'', muerto. Su recuerdo de todo aquello era vago, como si no le hubiera prestado atención. Pero de lo que sí se acordaba era del descubrimiento de la carga del mercader: objetos prediluvianos. Había una media docena de ellos: cajas negras con placas verdes con caminos dorados dentro, unas piezas de cristal, una botella con forma extraña, lo que parecía ser un zapato, un esfera de cristal y un arma prediluviana. Era una pistola. Enorme. Tenía algo grabado en un lado, pero el no sabía leer,y aunque supiera, desconocería el idioma. Era plateada y pesaba mucho.
Ahora estaba allí, caminando entre aquellas piedras antiguas, por donde hacía más de quince siglos que no pasaba nadie. En una de las habitaciones escondía su tesoro; un relicario de la decadente edad prediluviana.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Amo Ubuntu (Y odio Mac) (Bueno, también odio Windows, pero ¿Quién no?)


Ahora mismo me siento bien. Estoy usando software libre. Esto es: un software gratuito, de libre distribución y que puedes modificar a tu gusto. Firefox, Amarok, OpenOffice, y por supuesto mi amado, querido y poderoso Ubuntu. Es fantástico saber que este sistema operativo lo puede hacer todo. Aunque claro, hay que saber cómo.
¿Dvds de otra región? Sin problema ¿Personalización hasta el límite? Fácilmente ¿Compatibilidad completa? Claro ¿Todos los escritorios que quieras? Si ¿Gratuito? Por supuesto
Ahora porque no tengo dinero, pero algún día haré una generosa donación a GNU/Linux por darnos la libertad de controlar nuestros ordenadores.
¿Y por qué odio a Mac? Puede que alguien piense: pero si son tios guays, son como la alternativa a Windows. Pues bien, odio Mac por varias razones: una de ellas es que venden humo. Id a la página de Apple y mirad el iMac más barato: más de mil euros. Nada. Valiendo eso, será un ordenador potentísimo ¿No? Pues sorprendentemente, no. Es un ordenador con 1gb de RAM DDR2 y un triste procesador de 2'4 GHz Intel Core 2 Dúo. ¿Pero tendrá una tarjeta gráfica rápida y de buena calidad? Tiene una ATI de gama baja. ¿Pero al menos será blanco y con una manzana a medio comer no? Si, eso si lo tiene. Creo que es eso lo que vale los 600 euros que faltan en el cómputo. Supongo que un ermitaño ciego, sordo, mudo y manco hace las carcasas y por eso valen tanto.
La otra cosa por lo que les odio es por sus anuncios. Entrad en Youtube y buscadlos. Son ofensivos a la inteligencia e dignidad humanas.
Odio el iPhone porque es caro, increíblemente caro para lo que tiene. Además, es curioso: Apple es la compañía de la imagen, del diseño, de las cosas gráficas o como dicen en sus anuncios ''cosas divertidas'' (fun stuff). Sin embargo, su móvil tiene una cámara paupérrima y que ni siquiera graba videos ni puede recibir mensajes multimedia. ¡Menos mal que les van las cosas de imagen!
De los dos puntos anteriores se destila un tercer punto; Apple siempre ha tenido esa fama de que las cosas de imagen y diseño se le daban de puta madre. Pero de hecho, el iMac más caro (1800 euros) tiene la increíble tarjeta gráfica nvidia 8800 GS! No por favor, tanta potencia me sobre pasa. Y encima tienen la cara de anunciar su procesador Core 2 duo de 3'06 GHz como si fuera ya el acabóse. Pero espera, que tiene 2gb de RAM de DDR2! ¿Pero de que está hecho? De oro macizo? ¿Y dónde está la potencia gráfica? Yo que quiero tener una tarjeta media-alta, una nvidia 9800 GTX, pero estos tíos se pasan. Una 8800 GS, y con 512 Mb. Ahí es nada. Por ese dinero me compraría un ordenador con core i7, RAM DDR3 y una pedazo de tarjeta gráfica.
Tal vez el precio sea por el software. ¡Claro! Es eso. Quien no querría un sistema operativo que piense por ti! Según ellos, es user friendly. ¿Sabes quien es también user friendly? El Gran Hermano de 1984. Todo ira bien, mientras sea el sistema quien lo maneje todo. No se te vaya a ocurrir tocar, configurar o cambiar algo. ¿Qué no? ¿Y porqué itunes es la única manera de introducir música en el iPod? ¿Por qué el iPod usa sus propios auriculares? ¿Por qué en su página web no aparece ni siquiera el modelo de procesador que tienen? ¿Por qué está todo blindado?
Lo genial de Linux es que puedo hacer lo que hacen los demás si quiero, pero ellos no! Un escritorio y unos efectos como los de Mac, la flexibilidad del hardware de los PCs...
Pueden ellos? Puede Apple o Microsoft hacer lo que yo puedo hacer? Simplemente, no.
Pobres, siempre compitiendo por el segundo puesto...

Actualizado el 16 de Noviembre de 2009: nuevos conocimientos. El nuevo iPhone (mitad de 2009) sí puede grabar vídeos y creo que también puede recibir mms. Los iPod no usan auriculares especiales, sólo que no todos entran en su conector. ya no uso Ubuntu.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Luz

Una habitación a media luz, mientras el sol se esconde tras los edificios. En el cielo quedan las nubes naranjas y rosadas. La ciudad está plagada de antenas y grúas como los pequeños pelos de un gran animal. Esa luz tenue entra por la ventana, e ilumina lo que puede, pero ya no es la que era. Unas difuminadas sombras esconden algunos rincones. Es domingo y suena una música de piano que me dice que los recuerdos serán buenos.

Cada vez está más oscuro, y la música cambia. Se hace más lenta y más melancólica. Fuera hay silencio, creo. Mi vida pasa ante mí. ¿Ya? Que corta. En otros tiempos recordaré tardes como esta, o no.

Siento la necesidad de fotografiar todo lo que me rodea, de filmarlo, de preservarlo. No quiero quedarme sin recuerdos cuando todo pase. No quiero que todo dependa de mi cerebro para almacenarlo y recuperarlo. Quiero vivir para tener algo que recordar. Pero sabes que no puedes vivir todos los días como si fueran el último porque acabaría siendo aburrido y acabarías para el resto de tus días, tristes días, tirado en alguna calle sin nada que hacer. No, debo racionar la vida. Hoy no haré nada rememorable.

Bueno, hay una cosa. Una cosa que recuerdo cada día, por todos y cada uno de los días, porque cada día es especial, porque cambió y cambia mi vida, porque sin ella, todo lo demás sería gris y apagado, como esa suciedad de los edificios que no se va a menos que literalmente pulan la superficie.

En este tiempo que he estado escribiendo esto, la luz se ha ido atenuando. La pantalla del ordenador alumbra más que el cielo, que está tornando a azul-violáceo. Aunque claro, mi ventana da hacia el oeste -cardinal y urbanísticamente hablando- y es por donde nace la noche, que persigue al sol (¿O es el el que la persigue a ella?)

PD: si algún día puedo elegir el piso en el que viviré, elegiré uno con enormes ventanales hacia el este.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El mundo moderno

He publicado esta entrada desde mi nokia N81 via wifi.
Y tengo 2 sistemas operativos en mi ordenador: windows y ubuntu (linux).
Si no fuera tan horrible el mundo moderno estaria muy bien.

lunes, 27 de octubre de 2008

In The Nursery

Hay música que hace que te sientas bien cuando la escuchas. Hay música que te sacude. Hay música que te gusta como suena. La hay que puedes escuchar de fondo, sin ser desagradable. Pero hay a veces un tipo de música que va más allá de un sentimiendo agradable. Es algo más profundo. Eso es para mi In The Nursery.
Un sentimiento de comunidad con el universo, conmigo mismo y con las notas.

Armonía.

viernes, 24 de octubre de 2008

Asco

Arcadas, asco, repugnancia.

jueves, 9 de octubre de 2008

You woke this morning...

... got yourself a gun.

Yo estaba allí, parado, espectante. No, no quería ir. Estas cosas no son lo mío. O no nací para esto o nunca me han enseñado, pero en serio, esto no es lo mío. Bueno, en algún momento tengo que aprender. O... o no. Bueno, si.

Hablando claro, no me puse precisamente esos atributos los primarios. O tuve mala suerte con el 3D6. Puede que fuera porque preferí otra cosa, ya tenía todas las ventajas cogidas. No me dieron los puntos extras. Los puntos de experiencia fueron insuficientes. ¿Quién iba a pensar lo que iba a necesitar tanto? ¿Quién? Ah, claro, ahora todo parece mucho más claro, pero de hecho en aquel momento no lo era. Míralo a él. No lo necesita. Claro que no, es un hámster. Bueno pero tiene sus cosas de hámster y nunca le he visto necesitar nada parecido. Puede que no le conozcas tan bien como presumes. Puede.

Y luego está todo aquel otro asunto. Ya sabeis a qué me refiero. Si, hombre, el asunto aquel... ¿No? Bueno, es demasiado largo y penoso para explicarlo. Es una historia de heroísmo y corrupción en una ciudad ahogada por el crimen. No, no es cierto, es una historia triste sobre ineptitud en algo que a los demás no sólo les parece fácil, sino que les es natural. Claro, no a todos. Pero tu perteneces a aquellos que están en aquel lado de los pocos, mirando a los otros con esa cara tuya tan característica. En fin, aqui estamos, aun esperando, espectantes ante el futuro inmediato y extraño.

No quiero una pistola, dame una máscara.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Objeto punzante

La música sonaba en sus oídos mientras caminaba sin rumbo por la ciudad. Aquí y allá veía suciedad y crimen. Oh! Un céntimo. Debía ser su día de suerte. Desde que la guerra había comenzado hacia ya... ¿Tanto tiempo? ¡Cómo pasa el tiempo cuando uno está ocupado! Su trabajo era retirar derechos humanos. Le daban un objetivo y el tenía que quitarle alguno. ''A este... el de la intimidad'' ''Oh, a este el de la vida'' ''Mira, este me ha caido bien, le voy a quitar el de la dignidad''. No es que estuviera contento con su trabajo, pero de algo había que vivir ¿No? No pensará la gente que se puede decir ''no'' a un trabajo. Todo el mundo que conocía lo había hecho así; su primo comenzó a trabajar en una fábrica de armas químicas. Allí tenían la especialidad de la casa: productos arranca pieles. Causaban furor a lo largo y ancho del mundo. Allí donde hubiera un niño, había coca-cola y allí donde hubiera odio, armas de destrucción masiva. Ya casi no se acordaba de como empezó todo. Un segundo, no había empezado; siempre había sido así, sólo cambiaban los nombres y las armas. La crueldad y el dolor. El horror y la muerte. Eso siempre había estado ahí.
¿No había manera de cambiarlo? Ese pensamiento cruzó un segundo su mente, de parietal a parietal, haciendo parada de servicio -aunque sin parada de potenciales- en el frontal y después se esfumó como había venido, dejando tras de sí un débil y casi imperceptible campo electromagnético.
Ese mismo pensamiento había cruzado ya muchas mentes, pero siempre con ese mismo resultado. Pero un día fue distinto: en la parada sin servicio del frontal, se bajó accidentalmente un potencial de acción. Se dejó la garganta intentando llamar a la corriente de pensamiento, pero pasó de largo. Y allí se encontraba, en el frontal, sin saber a dónde ir. Pilló una circunvalación en la que estaba indicado ''Hacia el Parietal. Por su seguridad, vigile su gradiente, por aquí ahí inhibidores''. Pero el potencial de acción se fue por otros lugares y acabó creando una nueva corriente. En ese cerebro, el pensamiento no se esfumó, y se convirtió en otra cosa.
El poseedor de ese cerebro lo vió claro:
se podía cambiar. Se podía mejorar. El mundo, la humanidad es como nosotros la hacemos.
Aquel hombre recorrió kilómetros gritando su mensaje. Unos no le escucharon, otros le olvidaron y otros intentaron agredirle con objetos contundentes y otros objetos no contundentes, pero que hacen daño si se lanzan a mala fe, como lápices o gomas, que tu dices, eso no duele, pero que cuando te lo lanza un hombre rabioso, duele, admitámoslo.
Un pequeño grupo, sin embargo, sí cambió al escuchar a ese hombre. Y decidieron cambiar a los demás, ya que son personas las que conforman el mundo. Cada persona cuenta; desde el recién nacido hasta el que yace sobre su penúltimo lecho.
Esto ya se había hecho antes, desde la prehistoria hasta ahora, siempre había habido cambios, y se había mejorado. Pero había que cambiar aun más.
No me voy a poner en plan ''la humanidad es imperfecta porque así lo hizo Dios, y sino mira lo que hicimos en el Edén, saltándonos las reglas como si fuéramos quinceañeros rebeldes y grasientos, pero Dios nos lleva a un futuro mejor''. Bah, somos nosotros los que elegimos nuestro futuro. Además todo el mundo sabe que el Edén no existe, es otro de esos lugares mágicos como Nuncajamás, Teruel (perdón por el chiste fácil y, si eres de Teruel y lees esto, bueno tío/a reconoce que es muy pequeño, pero mucho. Hombre ya, pero es que hay pueblos en Murcia más grandes), y todos esos lugares de los que se habla para meter miedo a niños y mayores cuando no quieren irse a la cama. De ahí que la cama sea vista como si fuera algún tipo de fortaleza inexpugnable en la que con sábanas puedes defenderte de monstruos, asesinos y muñecos diabólicos. A lo que iba, desde que salimos de la charca y echamos a andar por este fangoso y pegajoso planeta hemos ido cambiando. Así que tenemos que seguir así. Si alguien te dice: ''quiero establecer una dictadura mundial, ¿te apuntas?'' Rechazas amablemente su oferta y le clavas un tenedor en el ojo. Bueno, no tiene porqué ser un tenedor, puede ser otra cosa punzante, supongo que podría haberlo dicho desde el principio, pero es que lo del tenedor es de un capítulo de los Simpsons y quería dejarlo tal y como lo dijo Moe, pero vamos, que si no tienes un tenedor pues le clavas otra cosa, pero que se punzante, no quiero que intentes clavarle una pelota, una magdalena o algodón de azúcar. Aunque el algodón tiene el palo ese. ¿Ves? Eso es un objeto punzante válido. No quiero demandas del estilo ''no pude evitar 1984 porque le clavé una ciruela'' o ''mi mundo se ha convertido en un infierno porque en lugar de coger el cuchillo cogí uno de esos peluche adorables y supersuaves pero que matar lo que se dice matar, no matan''. Si vais a acabar con alguien que es vuestro amigo y además os cae bien, tenéis que hacerlo rápido y efectivamente. Si no os cae bien o si no es vuestro amigo no deberíais matarlo lenta e ineficientemente, porque si queréis hacer un mundo mejor hay que ser eficientes, y no dejar el trabajo a medio hacer.

***

Jimmy era uno de esos chicos normales. Se le podía describir así: normal. No tenía ninguna característica que le diferenciaba de nadie. Era el perfecto para rellenar hueco, para salir de extra, para salir en fotos insustanciales, para quedar con varios y que pareciera un grupo más grande. Su vida era miserable y triste. Nunca había aspirado a nada, ni nunca se había planteado ''¿Por qué soy asi?'' Su única actividad era existir. Eso era lo único que hacía realmente bien.
Por desgracia, esto es ficción, y Jimmy parece ser el único ser así. Pero la realidad es mucho más cruda. Hay miles de ellos, caminando por las calles, trabajando en donde trabajéis, viviendo donde vivís. Ahora haceos la pregunta de si sois como Jimmy. Da igual la respuesta, si te has hecho la pregunta ya no eres como él. Fácil ¿No?

martes, 2 de septiembre de 2008

Electi

El honor más grande que podía tener un templario era ser un electi. Uno de los elegidos. El mejor entre los suyos. Serviría a la Iglesia Angélica aun más allá. Guilliam iba a convertirse en electi. Cualquier podría decir que había nacido para eso. Ya de pequeño mostraba la calma que le haría popular entre sus hermanos de armas. Su cuerpo alético y oscuro y su mirada inteligente y decidida hacían que sus hombres confiaran en él. No dudó cuando había que usar el asta y cuando usar la palabra. Había estado en todos los rincones de Europa; desde la isla ibérica hasta la Tierra Marcada más allá de Moscú. Incluso aquellos que no se refugian bajo la amable y confortable mano de la Iglesia le tenían respeto. Todos los niños de su aldea querían ser como él, y blandían toscas espadas de madera y pinchaban con ellas a los cerdos mientras se imaginaban peleando contra terribles engendros. Guilliam era una de esas personas que hacía de Europa un lugar mejor. Pese a la lluvía constante, la miseria, la ignorancia, la opresión, la codicia, la pobreza, las destructoras tormentas y los engendros oníricos, Guilliam tenía un pequeño halo de luz a su alrededor.

Y en algún lugar, otros como él veían más allá del poder o las riquezas. Más allá había algo más, un futuro mejor. Esperanza era ver ese más allá. Y cada vez más gente miraba el horizonte y veía, más allá algo distinto, mejor. Todo comenzaría por esos niños con alas blancas y la tinta del Señor en la piel.